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sábado, 1 de junio de 2013

¿Retro o progresivos? La banda hoy liderada por "Steve Howe" tocó tres de sus álbumes lo mejor que pudo.

Lo habitual es que un grupo o un solista inicien una gira para presentar nuevo material. Sin embargo, la serie de recitales que viene dando Yes por distintos sitios del planeta se dedican a discos que fueron dados a conocer hace alrededor de cuatro décadas.
The Yes Album (1971), Close to the Edge (1972) y Going for the One (1977) fueron los elegidos para revisitar el pasado en un show de casi tres horas que alternó momentos notables con algunas zonas un tanto anodinas.
La elección del grupo, que hoy lidera ese gran guitarrista que sigue siendo Steve Howe, es una toma de posición, casi un manifiesto. Yes fue una de las cabezas visibles de lo que se llamó -con bastante imprecisión por cierto- rock sinfónico. Más exacta sería la denominación rock progresivo : de lo que se trataba entre fines de los ‘60 y comienzos de los ‘70 era de que cada nuevo disco trajera un enfoque musical que se diferenciara de su predecesor. Una autoexigencia que más de una vez llevó a malos puertos, pero que marcaba una apuesta a futuro, a que el movimiento no se detuviera.
En consecuencia, la decisión de tocar enteros los tres discos, en el mismo orden en que se sucedían los temas en la grabación original puede leerse en más de un sentido. Por un lado, la afirmación de que allí había algo valioso que no merece ser olvidado. Que debe defenderse con el cuerpo, sobre el escenario. Y que es valioso como un bloque y no por tramos. Por eso que se escuchan los álbumes completos, sin selecciones previas y mayormente tal cual sonaron entonces, con la excepción de algún interesante arreglo, como en el final de Close to the Edge. O un toque bluseado en el piano de Geoff Downes al final de A Venture, que -aclara Howe en una entrevista- jamás fue tocado antes en vivo.
Esa es una lectura posible, otra es que lo progresivo se ha terminado, que no queda sino traer el pasado para reiterarlo lo más parecido posible al original porque no se lo puede mejorar. Y que no hay nada que deba ser descartado (de allí los álbumes completos), el grupo renuncia a ser su propio antólogo. Para eso cuenta con un cantante, Jon Davidson, quien no sólo se parece en el nombre a su predecesor, Jon Anderson, sino que casi tienen el mismo distintivo timbre de voz agudo. Aunque la batalla por el swing la gane por ahora el intérprete del pasado.
De todos modos, el tiempo pasa y, para beneficio del resultado actual, el protagonismo de los teclados que exhibía el Yes primero, sobre todo a partir de la figura de Rick Wakeman, ha quedado bastante moderado, a favor de Howe cuyas sutilezas no siempre pueden ganarle la batalla a la demoledora acústica del Luna Park.
En definitiva, Yes logra esquivar a pura musicalidad el riesgo cierto de convertirse en una banda tributo de sí. Pero deja una idea rara de los destinos del rock. Por un lado, la fuerza de muchos de los temas - Yours Is Not DisgraceI Have Seen All Good People-, por el otro, que el pasado es una utopía de la que no vale la pena salirse. 

Por Marcos Mayer

 fuente:clarin.com