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jueves, 23 de mayo de 2013

ESTRENO Cine y danza se funden con maestría en "Los posibles", de Mitre y Barbato El cine y la danza contemporánea se funden magistralmente en “Los posibles”, un filme experimental donde el director Santiago Mitre y el coreógrafo Juan Onofri Barbato exploran las posibilidades plásticas del movimiento, lo abstracto y lo misterioso, junto a un grupo de bailarines del centro de día Casa Joven La Salle de la localidad bonaerense de González Catán.

La película se verá a partir de mañana y hasta el 29, en seis únicas funciones y siempre en el horario de las 22, en la sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (Corrientes 1530), con la presencia de los directores, los bailarines y los fotógrafos del filme, que hablarán con el público luego de cada proyección.

Se trata de una experiencia inédita en el cine local, en la que el director de la multipremiada “El estudiante” dejó de lado la narración clásica y se dejó llevar por la abstracción y el azar para registrar (y generar al mismo tiempo)distintos momentos e imágenes surgidos de las potentes coreografías creadas por  Barbato para la obra teatral homónima.

En relación al título, que ofrece diversas interpretaciones sobre las posibilidades sociales que se le abren a estos jóvenes de barrios humildes a través de la danza, Barbato señaló que “el nombre tiene tantas posibles lecturas como cada espectador pueda configurar. Ellos son jóvenes en potencia y tienen la posibilidad de ser muchas cosas”.

Luego de ver la obra de Barbato, Mitre se acercó a él con la propuesta de hacer una película que registrara sus coreografías y el trabajo de los bailarines del grupo de autogestión KM29, y así surgió la idea de filmar en el Centro de Experimentación y Creación del Teatro Argentino de La Plata, donde ambos lograron crear un espacio cinematográfico intrigante y un lenguaje y una estética inclasificables.

“Ese espacio tiene una carga simbólica muy fuerte, porque estuvo abandonado durante años y nosotros lo convertimos en lo que se ve en la película. Esa fue una toma de posición estética, porque transformamos ese espacio vacío en un objeto cinematográfico. Pero no queríamos endulzarnos con ningún artilugio escénico, para tener una relación más directa con el público”, afirmó Mitre.

En la película, siete jóvenes surgidos de distintos lugares del conurbano se juntan en lo que parece ser un lugar abandonado en la ciudad de La Plata: se miran, se analizan, se reconocen y se miden como en un duelo, mientras la tensión crece y se potencia a través de la música, y lo que empieza como una danza de desplazamientos concentrados y espasmódicos estalla en una explosión de movimiento.

“Hay algo en el hecho de hacer y de meterse en territorios estéticos que no nos pertenecen y crear objetos nuevos a partir de dos lenguajes que no son necesariamente lo mismo. Quería -confió Mitre- adentrarme en un lenguaje abstracto y plástico porque me resultaba un desafío interesante”.

Si bien existen algunos antecedentes locales en los que cine y danza se funden poéticamente, como “Aniceto”, el último filme de Leonardo Favio, también es cierto que la experiencia de Mitre-Barbato es única en el panorama de la danza contemporánea y tan sólo comparable con algunas expresiones del género de video-danza,  que cuenta con numerosos exponentes en el medio local. 

Tanto la obra como la película están interpretadas por los bailarines Lucas Araujo, Jonathan Da Rosa, Jonathan Carrasco, Daniel Leguizamón, Alejandro Alvarenga, Alfonso Baron y Pablo Kun Castro, quienes provienen de diferentes disciplinas deportivas y artísticas como la danza, el kun-fu, el rugby y el parkour.

Según Barbato, “la gente tiene un gran prejuicio en relación a lo que la danza puede comunicar por sí misma. Nosotros confiamos en las historias que esos cuerpos desprendían naturalmente y nos despreocupamos de querer narrar algo en particular. Así aparecieron imágenes con una carga muy potente, que procedían de esos cuerpos y su permanencia”, añadió.

En relación a la forma en la que fue filmada la película, con una cámara que acompaña a los bailarines en cada uno de sus movimientos o piruetas, el coreógrafo explicó: “Queríamos que la cámara fuera la mirada que los propios bailarines tienen de sus compañeros y registrar la forma en la que eso influía en sus movimientos”.

Sin referencias concretas y entregados a las imágenes que surgían de la propia obra, los realizadores trabajaron “con mucha intimidad con los bailarines. Había que estar muy atentos a lo que ellos proponían. Había en ellos diversas posibilidades individuales y debíamos estar permeables a lo que nos podían sugerir o a lo que experimentaban en cada momento”, señaló Barbato.

El coreógrafo sostuvo que “el proceso fue estar permeables al error, al accidente y a los aciertos de los bailarines. Y a entender que ellos estaban siempre en potencia, porque en todos estos años crecieron y cambiaron mucho físicamente. La obra tuvo que ver con esa observación y el dejar ser hacer a cada uno de ellos”.

“El trabajo no ancla en ningún estilo reconocible. Queríamos alejarnos de los clisés e intentar develar un lenguaje nuevo que nos fuera propio. Hicimos grandes esfuerzos para que el filme no fuera un documental, pero tampoco algo reconocible ni encasillable. Se trata de una obra única e inclasificable”, resumió Mitre. fuente:telam.com.ar