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viernes, 10 de mayo de 2013

Carlos Vives: “Yo fui promotor de Shakira y Juanes” El colombiano pasó por Buenos Aires para promocionar su nuevo álbum, “Corazón profundo”, tras un silencio de 9 años. De un conflictivo divorcio a un nuevo amor , habla un ícono del “pop latino”.


El 10 de diciembre pasado, Carlos Vives apareció cantando en el cierre del acto por el Día de los Derechos Humanos en Plaza de Mayo, y ahí nos acordamos de que existía. Apenas quedaba un vago recuerdo de ese pelilargo que en los ‘90 había exportado desde Colombia el vallenato, la champeta y la cumbia, con La gota fría y Pa’ Mayté (la de Ahí iego ióooo...
) como bandera. Su fusión de rock, pop y ritmos tradicionales -el famoso pop latino- fue un machete que abrió el sendero por el que otros colombianos, como Shakira y Juanes, avanzaron en la jungla del mercado musical internacional. Ahora, mientras muchos vaticinan la extinción de las discográficas, Vives parece ser el contraejemplo. Dice que por falta de una compañía que lo respaldara, pasó nueve años sin sacar un disco nuevo: “Despues de El rock de mi pueblo se me terminó el contrato con EMI, y no había más nada. Quedé en el aire”. Hasta que firmó con Sony y hace dos semanas reapareció con Corazón profundo.
Es curioso que alguien de tu nombre y popularidad necesitara la propuesta de una discográfica para editar un disco.

Yo tengo un sello independiente, Gaira Música Local, y grabé un disco para que lo distribuyeran grandes supermercados. Pero sólo a nivel local: no podía volver a los mercados que ya habíamos ganado, como Argentina o España.
En la era de Internet, ¿no hay otros modos de difusión?

Sí, podemos juntar fuerzas, pero sin dejar de pensar en las disqueras, que todavía tienen el músculo para permitirme venir con la mitad de mis músicos, irnos a las emisoras a cantar, volvernos todos al hotel y comer. De manera independiente no tenemos manera de cubrir los lugares que ya habíamos conquistado. Hoy compartimos los negocios: antes era el disco, hoy comparto también conciertos, patrocinadores, campañas... Están las nuevas tecnologías, pero el disco, como el periódico en papel, no va a desaparecer. Por ahí soy romántico, pero creo que todo se va a complementar.
Otro de los factores que influyeron en el semirretiro de Vives fueron sus vaivenes sentimentales. En 2004 se separó de la ex modelo puertorriqueña Herlinda Gómez, madre de sus dos primeros hijos: “Fue un golpe fuerte. Tuve que dedicar más tiempo a solucionar temas familiares. Mi idea no era dejar de hacer discos, pero es lo que ocurrió. Vivíamos en Miami y yo volví a Colombia, y tuve que reacomodar todo”. Pronto formó otra pareja -con Clau­dia Ele­na Vás­quez, Miss Colombia 1989-, y se asentó otra vez en el mundo. “Antes el trabajo me mantenía mucho tiempo fuera de casa, y por eso me sentía culpable de la separación. Cuando me volví a casar y tuve dos hijos nuevos, al principio estaba preocupado por el tema de no estar cantando.
Se me acabaron los viajes, las giras, se me acabó todo , pensaba. Pero luego me di cuenta de que podía aprovechar para estar con mis hijos, y eso hice. Mientras, administraba un pequeño teatro con restaurante que mi familia tiene en Bogotá y producía a otros músicos”.
Hasta que la ex reina de belleza tomó las riendas y la fusta. “Este disco se lo debo mucho a mi esposa. Yo me estaba acostumbrando a quedarme en el teatro, superando problemas de mi vida, con mis dos hijos pequeños, levantándome tempranito para estar con ellos y llevarlos al colegio... Estaba contento. Pero Claudia ha creído más en mí que yo mismo. Creyó que había que seguir trabajando, y gracias a ella llegó Sony. Hizo el contacto”.
Carlos Vives hace gala de la característica dulzura colombiana para la conversación. Alto y corpulento,a los 51 años en su físico todavía se reconoce al galán de telenovelas y conductor al estilo Tinelli que alguna vez fue. Pero dice que mientras estuvo alejado de la música no pensó en volver a la televisión: “No me llamaban mucho, y lo que me ofrecían no me gustaba tanto. Yo trabajé en una época en la que hacíamos cosas regionales, con cierta dosis de humor, hechas por gente del cine y el teatro, con mucho sabor.
Betty, la fea viene de ese estilo de novelas. Eso cambió: ahora sólo se piensa en exportar y hemos retomado el estilo de hacer cosas sobre el narcotráfico. Y no me veía haciendo de narcotraficante”.
Además de la falta de discográfica y tu separación, ¿puede haberte perjudicado el reggaetón?

Es posible, porque lo nuestro no era un género como tal. Al principio, cuando le gustó a la gente, la misma industria me preguntaba ¿cómo podemos llamar lo tuyo?
Lo llamaron tropipop, pero no ha habido un espacio claro para ese movimiento colombiano. Y sí, llegó el reggaetón y en Colombia desaparecieron las emisoras vallenatas: se convirtieron en emisoras para reggaetón.
¿Pensaste en hacer reggaetón?

No, pero no era un ritmo que me pareciera extraño. En Cartagena tenemos la champeta: El gato volador y Pa’ Mayté son exponenetes de ese género, que terminó confundiéndose con el reggaetón. No tengo nada contra el reggaetón, pero no me gusta su poética. Yo vengo de una escuela campesina, de la música vallenata, los juglares del caribe colombiano, Rafael Escalona. Ellos contaban historias, eran cronistas. Antes de hacerse industrial, el vallenato no se bailaba. Y la mujer era sagrada. Por eso, la cosificación de la mujer me distancia del reggaetón. El perreo, lo prostituible, es algo que no acepto ni pa’ mis hijos ni mis hijas. Viví cuatro años en Puerto Rico, me casé allí, conozco la jerga boricua, entiendo el lenguaje de Calle 13, y comprendo por qué nacen esas canciones, pero el trato con la mujer no.
Ahora en la Argentina hay varias orquestas de cumbia colombiana. ¿Cómo lo explicarías?

Eso empezó hace mucho. La cumbia es un género matriz, como el blues. Los musicólogos se equivocan cuando dicen que es el aporte afroantillano de Colombia a la música; es andina y tiene mucho de herencia indígena. Mercedes Sosa pudo haber sido una gran cumbiera. Aquellos primeros grupos de cumbia que viajaron hacia la Argentina y México, como Lucho Bermúdez, sembraron eso y la cumbia se quedó, porque es pueblo.
¿Cuánto te deben Juanes y Shakira?

Ellos me quieren mucho y me reconocen cosas. Y yo se los agradezco. Yo tenía un programa de televisión en el que difundía bandas nacionales cuando nadie les daba bola. Me volví un promotor de ellos cuando nadie los conocía, pero no me deben nada. Simplemente estamos unidos. fuente:clarin.com 

Por Gaspar Zimerman