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miércoles, 24 de abril de 2013

Pablo Ruiz: “Usaré el Pablito hasta los 70” A los 37, el cantante argentino que hizo carrera en México está decidido a superar los hits millonarios de su infancia. Tiene un disco nuevo, “No te miento”, que venderá por Internet. Su familia. Su desconflictuada homosexualidad y Angelina Jolie. Por Ezequiel Ruiz.


En el hombre de 37 años (cumple 38 el 4 de mayo) que ahora extiende la mano y se presenta, queda algo del chico de Festilindo que a los 13 andaba en bicicleta e iba cantando, agudo, eso de “Oh, mamá, ella me ha besado / oh, mamá, estoy enamorado”. Es esa sonrisa que venimos viendo por tele desde hace más de veinte años, gigante, estirada y luminosa, que le cruza toda la cara y que lo tendrá casi toda la charla con los ojos entrecerrados y los pómulos levantados. Es el caso de un niño atrapado eternamente en el cuerpo de un adulto, tal vez. Aunque de a ratos aflora el mayor: sentado en la mesa de un bar, pidió una coca light, pero cuando su interlocutor ordenó un gin tonic, la cambió por un chopp de cerveza. El chico volverá a la hora de las papas fritas (¡reales y enormes!): no le importa hablar con la boca llena.
¿Alguna vez te planteaste ser Pablo y no más Pablito?

Nooo, Pablito es forever and ever, lo usaré hasta que tenga 60, 70 años. Es un apodo cariñoso.
Musicalmente Pablito Ruiz es, por ahora, un one hit wonder : el impulso de Oh mamá, ella me ha besado todavía le alcanza para salir en la tele o para ser número central de la Bizarren (con espíritu kitsch, una de las fiestas más convocantes de la noche porteña). Lejos de quejarse (“No puedo renegar de algo que todavía me da de comer”), es el escalón en el que pisa firme para subir más alto. Tras una entretenida aparición enGraduados (ver De “Oh mamá”...), está lanzando un nuevo disco, el noveno de su carrera, No te miento. Será su segundo álbum tras una larga estadía en México y Miami. Allí vivió desde fines de los ‘90 hasta la primera mitad de la década pasada, donde además de la música, también participó de realities e hizo musicales infantiles: “Fue idea de la discográfica EMI, porque en México se vendían muy bien mis discos, entonces me firmaron un contrato allá. Edité tres discos hasta que la relación con mis managers se hizo muy difícil. No nos entendíamos ni a nivel profesional ni musical. Intenté sacar dos discos más, que no se editaron, y me volví”.
¿Te pedían algo muy distinto a lo que solías hacer?

Querían que grabara un disco de tex-mex (estalla en una carcajada). ¡Nada que ver! No quería cantar corridos mexicanos.
¿Fue difícil vivir de la música?

Sí, cuando estuve en Miami sentí que me quedaba afuera. Para juntar algo de plata tuve que ayudar a algunos amigos con la limpieza de sus casas, aunque también daba clases de canto. En el 2004 pegué la vuelta.
¿Con qué te encontraste acá al volver?

Pensé que iba a tener que empezar de cero, ¡pero todavía se acordaban de mí! Al mismo tiempo, sentí que la sociedad había evolucionado: hablar de la homosexualidad no era tan tabú como en México. Y ví que había un nicho para mí en donde podía seguir desarrollándome.
¿No quedaste muy atado al pasado, casi como una caricatura?

Estoy actualizado en el recuerdo de la gente, porque sino no me llamarían para trabajar. No tengo miedo a quedar como una caricatura atrapada en el tiempo, pero tengo como desafío despegar de Oh, mamá… Llegará algún día el hit que lo derribe y triunfe.
Pablito dice que no sabe tocar ningún instrumento, pero que quisiera aprender a tocar la guitarra o el piano. Que la inspiración le llega de noche y cuando sucede, agarra un grabador, murmura la melodía y después se junta con amigos que sí saben tocar para traducir el tarareo a música. Así y todo, se considera uno de los “pocos afortunados” que viven de eso: “Yo no conozco otra vida, no sé cómo sería si no fuera artista. Lo soy desde los 7 años”.
¿Y si se termina?

Sé que nada dura para siempre, pero no tengo miedo. Si esto no da para más, saldré a laburar, a atender mi negocio: tengo una joyería en Caballito.
La tele tiene un papel importante en tu carrera. ¿Qué te parece?

Es una gran picadora de carne. A veces se nota mucho que ponen cosas de relleno. Siempre le escapé a los escándalos para no arruinar mi imagen, y creo que quienes se enganchan en esa, es porque no tienen talento. Estaría bueno que se hicieran programas más culturales, como Badia y Compañía.
¿Sentís que a veces se burlan de vos?

Si me quieren bardear, son unos boludos ellos. En la tele se ríen de todo el mundo, ¿no se van a reír de mí? Pero me re chupa un huevo todo, la verdad. No me sumo al juego de explotar y crear un conflicto en vivo.
Hace algunos años se decía que “la tele salía del closet”, pero estuviste al margen de eso. Nunca te confesaste.

Es que todo el mundo sabe que soy gay. No hace falta ponerme un cartel pro-gay; se cae de maduro y “no aclares que oscurece”. La gente no busca saber con quién me acuesto.
A veces al público le gusta meterse en la cama de los famosos…
A la gente le gusta fantasear, y si le das todo servido, pierde la gracia. De toda la vida se supo que yo era gay, siempre sentí atracción por los hombres.
¿Nunca te excitó una chica?

Me enamoré de Julieta Milea, una compañera de Festilindo, pero calentarme con una mina, nunca. Por ahí, algunos ratones con Angelina Jolie, pero no más que eso.
Decís que México te resultó pacato y cuando volviste al país, lo notaste más abierto. ¿Fue un alivio?

Sí, aunque todavía hay lugares en donde la discriminación es muy fuerte. Falta más tolerancia. Hace unos días subí a Facebook una foto en la que me estoy dando un pico con un chico y dejaron un comentario que decía “¿Hace falta ver a dos putos besándose?”. No le puede dar asco a nadie un beso entre dos personas, pero...
¿En tu casa te bancaron siempre?

Sí, tanto mi mamá como mis hermanos (dos varones, una mujer) lo aceptaron siempre, aunque no sé qué hubiera pasado si viviera mi papá… ¿Nunca lo supo?

No, murió cuando yo tenía un año y ocho meses.
¿Tenés algún recuerdo de él?

Me acuerdo de una noche en que tenía mucha tos. Estábamos enfermos mi hermano y yo; aullaban mucho los perros; era una noche muy fea. Y ahí le avisaron a mamá que mi papá había muerto. Es mi recuerdo más antiguo.
Hablando de recuerdos, ¿cómo te gustaría ser recordado?

Como el niño que rompió esquemas y logró superarse como artista y no se quedó en el Oh mamá (carcajada final). Digamos, algo así.
fuente:clarin.com