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martes, 23 de abril de 2013

Mozart, con economía y audacia La magistral ópera de 1791 abrió la temporada de Juventus Lyrica en lograda realización teatral y musical. Hay tres funciones más.


La Flauta mágica, la genial ópera en dos actos que Mozart compuso al final de su vida sobre un libreto de Schikaneder, abrió la temporada de Juventus Lyrica con dirección musical de Hernán Schvartzman y régie de María Jaunarena. La directora escénica es también responsable del vestuario, que no podría mostrarse más funcional ya desde la aparición de las tres Damas con su estilizado vampirismo.
Todo es funcional en esta puesta de líneas simples y eficaces, con un bosque pefectamente delineado con sólo tres o cuatro árboles pelados de cartón y dos significativos fondos alternados de la Luna y del templo de Sarastro, con toda su simbología masónica, compleja y leve al mismo tiempo (el diseño del escenario es de Gonzalo Córbova, responsable también de la excelente iluminación).
Hay una lograda economía en los medios de la escena y también la hay en la selección del reparto; sin grandes voces, pero a la vez sin decepciones ni vacíos, e incluso con algunas actuaciones sorprendentes, como es el caso de la soprano Laura Pisani en su brillante personificación de la Reina de la Noche. Completan los roles principales Santiago Bügi (Tamino), Sonia Stelman (Pamina), Oreste Chlopecki (Sarastro), Patricia Oliveira (Monóstatos), Sabrina Cirera, Mariana Carnovali, Verónica Carnaves (tres Damas), Luciana Piovan, Rebeca Nomberto y Julieta Cao (tres Genios), Laura Penchi (Papagena) y Gabriel Carasso (Papageno), aunque este último nombre también debería ser destacado del conjunto por su excepcional y desenvuelta actuación teatral.
El Papageno de Carasso es sin duda uno de los pilares de esta realización; una realización que sin duda considera que la ópera es también teatro y que lo sostiene con audacia, como en el final de la escena 19 de segundo acto, cuando Papageno le ofrece un trago de su preciada botella de vino al director de orquesta y éste acepta gustoso, luego le pasa la botella a los músicos y la orquesta comienza a sonar desafinada.
El chiste es realmente muy gracioso, y no se extiende un segundo más de lo necesario. Podría decirse que esa ocurrencia está perfectamente acotada en el desarrollo de la obra, y que al mismo tiempo llega muy lejos desde la perspectiva de la comprensión de lo teatral en la ópera; finalmente, el chiste sobre la borrachera llega a la música misma de la orquesta, lo que no es poco en un género tan cristalizado como la ópera.
Hernán Schvartzman no sólo aceptó ese convite, sino que asumió la dirección con el mayor rigor y seriedad. Schvartzman, de 33 años, es un director argentino que inició sus estudios con Antonio Maria Russo y egresó del Conservatorio de La Haya. Su especialidad es la música antigua, que desde luego en Europa dirige con instrumentos de época. En esta realización, con la orquesta moderna convencional de Juventus Lyrica, Schvartzman obtuvo un sonido balanceado, un vibrato convenientemente seco y una articulación muy clara. Por su lado, el coro preparado por Hernán Sánchez Arteaga cumplió su parte con la mayor corrección. fuente:clarin.comPor Federico Monjeau fmonjeau@clarin.com