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miércoles, 13 de marzo de 2013

CINE Keira Knightley: “La sociedad no acepta la infidelidad femenina” La actriz inglesa vuelve a vestirse de época para “Anna Karenina”, nueva versión del clásico de Tolstoi que se estrena mañana. Romántica incurable, a los 27 años habla sin tapujos de la hipocresía, cuenta cuál es el mejor amor y quiere rodar más aventuras.


Por Juan Luis Alvarez
la vanguardia y clarínEs hija de un reputado actor, William Knightley, y de una escritora fundamentalmente teatral, Sharman MacDonald. Nacida en Londres hace 27 años, a los 4 años ya se presentaba en audiciones y a los 7 debutó en la televisión, en la serie  Screen One. Años después, convencida la industria del cine de que nadie da credibilidad a un traje de época como ella, le encargaron revisitar el clásico de Jane Austen  Orgullo y prejuicio. Además, la embarcaron en dramas culpables con reminiscencias literarias como  La duquesa, oExpiación, de Joe Wright, quien vuelve a dirigirla en Anna Karenina, que en la Argentina se estrena mañana.
¿Le gusta trabajar rodeada de amigos?

Bueno, es una situación ideal. Mi relación con Joe es muy próxima. Somos íntimos, vivimos cerca y lo veo a menudo. Pero esperábamos que todo fuese igual que cuando rodamos  Expiación, y han pasado cinco años; él no es el mismo director, y yo no soy la misma actriz. Hemos hecho desde entonces algunos anuncios juntos -de una marca de perfume, con el argentino Alberto Amman como coprotagonista-, pero no una película. Tardamos un poco en reencontrarnos, y la extraña naturaleza del personaje no nos ayudó. Anna Karenina es como un compendio de todo lo bueno y todo lo malo del ser humano. Había días en que la odiábamos y otros la adorábamos. A veces nos parecía una heroína, y otras, una mujer egoísta y caprichosa.
Usted, que dedica gran parte de su tiempo a causas comprometidas, como contra el maltrato femenino, ¿se considera una persona egoísta o caprichosa?

Cada persona se muestra de un modo distinto si está moviéndose en el ámbito público o en el privado. Soy egoísta y no soy egoísta. Creo que todos tenemos algo de eso en nuestro interior, que aflora de vez en cuando, al menos.
Es una especialista en interpretar a mujeres de otras épocas, que no son libres para seguir lo que les dicta el corazón. ¿Las comprende?

Sin duda. Me puedo imaginar perfectamente su entorno porque, por mucho que la sociedad haya cambiado, la hipocresía que es inherente a la sociedad sigue siendo la misma en la actualidad, y romper las reglas del juego siempre tiene un precio. Todo el mundo sigue queriendo agradar para no verse condenado al ostracismo social. La sociedad no acepta con facilidad la infidelidad femenina, pero la masculina la lleva digiriendo con toda tranquilidad desde que el mundo es mundo. Y eso es sólo un ejemplo.
Expresó muchas veces que se considera una romántica. ¿Le gusta que sus personajes tengan un apunte de romanticismo?

Siempre que se manifieste de formas distintas. Por ejemplo, Anna Karenina posee lujuria y descontrol y sentimiento de fracaso. Son elementos que le dan al personaje una variedad de matices, que significan un reto. Tolstoi es muy moderno y deja claro que si una persona está atrapada en una relación que no funciona debe abandonarla. Y esto es así.
Estaba interpretando a una mujer que fracasó en el amor mientras, en la vida real, se anunció su compromiso matrimonial con James Righton, vocalista de Klaxons. ¿Le gustan las paradojas y los contrasentidos?

Son inevitables y a veces muy divertidos, pero en este asunto en concreto yo no sabía que eso iba a ocurrir de esa manera. Es estupendo que la sorpresa esté presente en nuestro día a día.
¿Le incitó a reflexionar sobre la naturaleza del amor?

Bueno, es inevitable pensar en cómo, cuando cometemos un error, podemos aprender de él. Es inevitable reflexionar sobre el hecho de que estar siempre deseando lo que es imposible alcanzar es agotador y puede llevar con facilidad a la obsesión. Y sobre que el amor es fugaz, porque la propia esencia de la vida lo es. Existen el amor-romance, el amor-compañía y el amor-buen sexo, que es probablemente la combinación perfecta. Pero hay un reverso mucho más oscuro donde habitan los celos, el dolor y la soledad.
¿Le resulta difícil desprenderse de los personajes tras un largo día de trabajo?

Este me habitó durante un tiempo. Un personaje que abandona a sus hijos. ¿Yo lo podría hacer? Rotundamente, no. O no lo sé. Es algo muy difícil de abordar, y los seres humanos a veces hacemos cosas que se contradicen claramente con nuestro propio código moral.
Fue muy precoz a la hora de manifestar a su familia que quería ser actriz. Ellos, con los pies en el cine, el teatro o la televisión, quizá no esperaban otra cosa, pero ¿a quién reconoce como sus influencias más arraigadas?

Para mí, las dos grandes del cine clásico son Katharine Hepburn y Vivien Leigh. No sólo por su habilidad y talento, también por su perseverancia, que es una cualidad que admiro. Pero cuando tenía ocho años me encantaban los títulos shakespeareanos de Kenneth Branagh y en concreto  Mucho ruido y pocas nueces. Ahí descubrí además a Emma Thompson, que es una actriz maravillosa, que me emociona en esas grandes películas como  La Mansión Howard  o  Sensatez y sentimientos.
Después de encadenar tantos papeles dramáticos, ¿tiene la impresión de que se está perdiendo la diversión que vivió en otros momentos de su carrera, como cuando empuñaba la espada en la saga de “Piratas del Caribe”?

Un poco, la verdad. Lo pasaba muy bien en ellas; todo era alegre y ligero, aunque trabajásemos como mulas. ¡Qué se le va a hacer! La verdad es que me gusta divertirme en los rodajes, como me gusta pasarlo bien en la vida real. Me gusta bailar, por ejemplo, aunque no soy muy buena en ello. Salto y me muevo arriba y abajo y acabo haciendo un poco el ridículo.
¿Qué hace cuando no trabaja?

Cocinar. Entre otras cosas. Me inspira. Estoy siguiendo el libro de Yotam Ottolenghi, paso a paso. Y estoy perseverando en ello, o sea que cualquier cosa puede suceder. fuente: clarin.com