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viernes, 18 de julio de 2014

Daniel Barenboim: “Con Les Luthiers va a ser muy divertido” El excelso pianista y director argentino vuelve para dar nueve conciertos y una charla pública. En entrevista con Clarín, contó qué hará con Martha Argerich y por qué eligió al grupo de Mundstock y Rabinovich para actuar juntos.

En un par de semanas Daniel Barenboim llegará a Buenos Aires con una impresionante agenda artística, sin duda la más voluminosa que el pianista y director haya realizado alguna vez en la Argentina. Entre el 3 y el 13 de agosto dará nada menos que nueve actuaciones; diez, en verdad, si se cuenta el diálogo público en el Colón (el 10 a las 20) con su amigo el ex primer ministro español Felipe González, con quien está escribiendo un libro de conversaciones.
El músico regresará con su formidable orquesta DEWO (Orquesta West-Eastern Divan) para una serie de conciertos sinfónicos -el primero de ellos con Martha Argerich como solista- y operísticos: en versión de concierto, Barenboim y sus músicos ofrecerán el segundo acto deTristán e Isolda de Wagner con algunos de los más renombrados cantantes wagnerianos de la actualidad. Con Argerich dará otras dos actuaciones: un programa a cuatro manos y dos pianos, más un curioso experimento que involucra también a Les Luthiers (ver Información). “Estoy muy feliz -dice el músico en conversación telefónica desde Sevilla, sede de la DEWO-, ya que esta es la ocasión que más tiempo permaneceré en la Argentina desde que me fui a los nueve años.”Discúlpeme, maestro, pero da la impresión de que va a estar trabajando como un loco, y que no le quedará mucho tiempo libre...

No crea. Llego un poquito antes de que empiecen los conciertos y tal vez me termine quedando casi tres semanas.
¿Y qué hará en los días libres?

Seguramente pasear con mi familia, a la que le encanta la Argentina (su hijo Michael es el concertino de la DEWO; su esposa es la notable pianista Elena Bashkirova, que acaba de dar dos conciertos en el Colón con el Ensamble del Festival de Jerusalén.
Su agenda artística es una auténtica rareza, no sólo por la cantidad, sino también por la calidad.

Eso no lo puede saber ahora.
En cierta forma, sí. No me refiero a la calidad de las ejecuciones, sino al interés de los programas. En los conciertos para el Mozarteum, por ejemplo, va a dirigir dos obras especialmente comisionadas (al sirio Kareem Rouston y al israelí Ayal Adler) para estrenar en esta gira.

Para la Orquesta del Divan eso es muy importante. Durante diez años estudiamos el repertorio clásico: Brahms, Beethoven, Schoenberg. Es justo que veamos otras cosas, y no es tanto un deber como un placer hacer escribir tanto a compositores árabes como israelíes.
Bueno, convengamos que es algo fuera de lo común estrenar obras en una gira. Para su colega Zubin Mehta, un director genial sin duda, es impensable llevar obras nuevas en una gira, ni siquiera obras de Schoenberg. Me lo dijo personalmente en una entrevista.

¿Y usted le pregunto por qué?
Sí. Me respondió que eso no entraba dentro de la economía de una orquesta en gira. Me dijo que si quería escucharlo dirigiendo nuevas obras me fuese a Nueva York para oír sus ciclos con la Filarmónica.

Bueno, no suena muy práctico... Mehta es un amigo muy querido, es como un hermano para mí, pero evidentemente en eso no coincidimos. Lo importante es justamente poder lucir la orquesta con una obra como las Variaciones op. 31 de Schoenberg. Siempre es un éxito fulminante con el público.
¿Podría decirnos algo de esas dos composiciones a estrenar?

Adler es un compositor más ligado a la tradición de Alban Berg y la Escuela de Viena, mientras que la música de Rouston tiene colores más mediterráneos. No le puedo decir mucho más sobre las obras, porque recién las estoy empezando a leer.
Seguramente sí me podría dar una visión del segundo acto del “Tristán”, que dirigirá en versión de concierto en el Colón.

El universo wagneriano sigue siendo muy moderno. No digamos contemporáneo, porque él murió hace más de un siglo, pero las ideas siguen siendo muy actuales. Por un lado, es una música que traslada al oyente a esferas desconocidas de pasión, de exaltación, pero al mismo tiempo hay un cálculo muy fuerte. Yo creo que a la gente que le molesta Wagner, le molesta justamente eso. Está todo tan bien planeado, que uno se siente manipulado. No son efectos sonoros; es todo genuino, pero siempre al borde de la manipulación.
En su libro de conversaciones sobre el “Tristán” con el regisseur Patrice Chéreau, usted hace una observación sobre el sonido “largo” en Wagner y de cómo tuvo que trabajarlo pacientemente con la Orquesta de La Scala, que parecía haberlo olvidado. Me gustaría preguntarle cómo se logra ese sonido y si es más fácil trabajarlo con una sinfónica joven que con una orquesta operísticamente experimentada.

Es más fácil, porque el Divan tiene menos malas costumbres. Hay que dar la energía para empezar el sonido, y en el caso de Wagner, sin acento, salvo que esté escrito. Hay que mantenerlo con todo su peso hasta el final de la nota y luego pasar a la nota siguiente. Que tiene que empezar como la precedente terminó. Esa es la definición del legato , que no significa simplemente que no haya aire entre las notas, sino la continuidad del sonido. Esa continuidad es lo que le da a Wagner su increíble tensión, que él manipula como se le antoja con cambios armónicos muy complejos. Wagner es ambiguo. Hace una virtud de algo que en la vida real es negativo. Una persona ambigua es alguien que no sabe lo que quiere, no sabe dónde ir ni cómo hacerlo.
¿Cómo surgió lo del espectáculo con Les Luthiers? Fue idea suya?
No, esa fue una idea de mi mujer. Yo le había hablado mucho de ellos y mostrado los videos. Y ella me dijo: ya que vas a la Argentina con Martha y en un plan sentimental, ¿por qué no te das el gusto de hacer algo con ellos?
Es difícil imaginar una versión humorística de “La historia del soldado” de Stravinski.

Ellos hicieron una versión del texto que tendrá una u otra “lutheriada”, pero para el Carnaval de los animales (Saint-Saëns) inventaron instrumentos y va ser muy divertido. fuente: clarin.com 
  • Federico Monjeau