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martes, 29 de abril de 2014

Y quedaron ganas de más... El consagrado contrabajista israelí de jazz pasó por Buenos Aires: tocó en el SHA sólo una hora con un trío no del todo ajustado. "Avishai Cohen"

La presentación en Buenos Aires del contrabajista israelí Avishai Cohen, un músico con una interesante carrera en la escena internacional del jazz, tuvo claroscuros. Por un lado, su técnica y su honesta intención aperturista en su música que tiende a inclinarse hacia atmósferas clásicas, fueron aspectos interesantes. Por el otro, el líder llegó a esta ciudad con una formación que, al parecer, le falta asentarse, es decir, no tiene aún una clara identidad. El trío no sonó ajustado, por el contrario, hubo mucho arreglo efectista y cierta precipitación en el desarrollo de las diferentes composiciones.
En el concierto presentó material de uno de sus discos más vendidos, Seven Seas(2011), editado en la Argentina, y que tiene composiciones originales. Precisamente, el concierto salvo el bis, en donde tocó y cantó en solitario Alfonsina y el mar, estuvo edificado sobre música propia. Ahora bien, la propuesta tuvo puntos fuertes como, por ejemplo, la técnica de Cohen y algunos de sus solos que tuvieron un enfoque rítmico-lírico inteligente y hasta humor. En el andar colectivo, hubo una permanente búsqueda de tensión que terminó por hacer sonar reiterativa a la propuesta: continuamente se llevaban las composiciones a momentos en los que la fuerza y el volumen terminaron por ser el leit motiv y, al resaltar esos arreglos efectistas, el grupo sonó predecible en términos colectivos.
El grueso de las composiciones dieron a entender una mayor preocupación por lograr rápidamente esas atmósferas potentes que por desarrollar una idea melódica consistente, como si no la tuvieran. Introducciones basadas sobre pequeños motivos melódico-rítmicos o riffs fueron suficientes para lanzar al grupo hacia arcos de tensión subrayados por las explosiones sonoras del baterista Daniel Dor.
En cambio, lo interesante de la presentación fueron los temas en los que Cohen trabajó sobre figuras contrapuntísticas, algunas de tono juglaresco o, incluso, cuando con el pianista Nitai Hershkovits como interlocutor lograron edificar un diálogo fluido que le hizo ganar riqueza al show, pero fueron escasos esos momentos; el concierto descansó sobre la calidad del contrabajista que fue la principal voz cantante, aunque dentro de las limitaciones propias de un instrumento que no nació para el liderazgo, salvo en manos de Charles Mingus. Un concierto de una hora por reloj dejó a buena parte del auditorio con ganas de más. El primero de los bises fue una emotiva interpretación de Alfonsina y el mar, cantada en castellano, que recibió la ovación de la noche con el público de pie. fuente:clarin.com 

Por César Pradines