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jueves, 8 de agosto de 2013

Gerardo Gandini: anatomía de la melancolía, en tres jornadas El ciclo Integrales del CETC presenta las Sonatas del gran músico argentino, que se ofrecerán a partir de hoy en tres conciertos. Por Federico Monjeau

El ciclo Integrales del Centro de Experimentación del Colón presentará a partir de hoy la serie completa deSonatas de Gerardo Gandini, ocho composiciones para piano más una para violonchelo solo, agrupadas bajo el título “Anatomía de la melancolía”, una apropiada descripción psicológico-musical que el autor tomó de Robert Burton.
La serie de sonatas forma un conjunto especial dentro de la obra de Gandini. En principio, por su cronología; la serie no recorre la obra completa del autor, sino que se agrupa en el último tramo de su producción. Por lo tanto, este agrupamiento tiene el aspecto de un “descubrimiento” tardío.
A la pregunta sobre en qué habría constido este decubrimiento, sólo se pueden ensayar respuestas hipotéticas. En principio, la sonata no significó para Gandini la adopción de un modelo rígido o una conversión al clasicismo, pero tampoco fue una adhesión arbitrariamente o puramente nominal.
Las sonatas toman distancia del estilo fragmentario de los Diarios y otras piezas anteriores. Las sonatas tienen una extensión considerable. En general promedian los 20 minutos, lo que no es poco dentro del conjunto de obras para piano solo del autor. Y en la primera no sólo hay algo bastante parecido a un desarrollo, sino también un fuerte principio de contraste, y su recapitulación es tan franca que suena casi como una provocación dentro de las convenciones idiomáticase la música contemporánea.
Pero no todas las composiciones de esta serie son tan arquetípicas como la primera. Podría decirse que en Gandini la sonata fue menos una “forma” que una idea o una herramienta crítica; como también una invitación a demorarse en los materiales.
Con o sin recapitulaciones, las sonatas son, por su naturaleza, formas replegadas sobre sí mismas, aunque este repliegue no suprime el sistema de citas e interconexiones propio del autor. La primera Sonata está basada en las tres primeras notas del Adagio en si menor de Mozart; el primer movimiento de la Segunda está basado en una célula del movimiento del del Quinteto para dos violonchelos de Schubert. El sistema de citas persiste, sólo que se ha vuelto más difuso, más velado: también podría decirse que la aparición de las sonatas coincide en Gandini con el abandono de la cita en su faz más comunicativa.
Veladamente, las sonatas testimonian las antiguas afinidades de Gandini, Mozart y Schubert entre otras. Pero también testimonian afinidades tardías. Y quiza pueda pensarse que el proceso en su totalidad guarde relación con una suerte de conversión beethoveniana. Gandini dejó testimonio de ello en su libro de conversaciones con Marta Lambertini, como también de la impresión que le producían las clases magistrales televisadas de Daniel Barenboim sobre las sonatas de Beethoven. Sabemos que Beethoven no formaba parte del credo gandiniano, y justamente por eso hay algo grandioso en esa confesión. Incluso llegó a decir que la octava le estaba saliendo “bastante beethoveniana”, aunque habrá que llegar hasta el último programa de esta serie para tratar de entender qué quiso decir el maestro con esta afirmación. fuente:clarin.com