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jueves, 13 de junio de 2013

"Patricia Sosa": “Tengo el alma heavy metal” Mañana la ex cantante de La Torre se presentará por primera vez en el Luna Park. Una oportunidad para que cuente sus periplos por distintos escenarios. La jurado de “Soñando por bailar” cuenta anécdotas y habla hasta de las nuevas chicas del rock.

El sentido de las cosas llega después de las cosas, piensa. Ya entiende por qué atravesó raras lunas hasta llegar al Luna. Mira atrás y ve a una muñeca brava abriéndose camino a los codazos. Narices rotas. Groserías alusivas a su microscópica falda. Botellas partidas. Sucuchos y pocilgas. Huidas por la ventana. Mañana Patricia Sosa cantará por primera vez en el Luna Park, 40 años después de aquel safari: “Antes no podía ser sensible. Me estaba creando un lugar a empujones. Ahora lloro tranquila. Construí un lugar en la historia de la música”.
La primera vez que pisó el Luna -siente- fue como llegar a la luna. Cantaba Billy Bond y La pesada. Mil novecientos setenta y dos. “Salgan al sol, idiotas”, bramaba él. Se armó “la batahola” y la quinceañera de Barracas terminó bajo el escenario. “Vino la policía. Mi amiga sufrió un tajo en la pierna. A la salida encontré un tapado de zorro que valía fortuna. Hoy no me pongo un animal muerto ni que me paguen”, avisa.
Hubo más “bataholas”. Ya no por obra y gracia de Billy Bond, sino de la chica que a toda costa buscaba salir al sol. Ella quería un lugar en el rock. Ellos (muchos) no la dejaban. Ahora se percata de que todas esas pequeñas luchas con La Torre pasarán de largo si no las escribe. Ganó hasta público infantil con Soñando por cantar (El Trece), pero pocos saben que antes de llegar al templo del boxeo, hubo que boxear. Metafórica y literalmente.
Hablás del “raid de los sucuchos”, de las trompadas, las fugas por las ventanas. ¿Qué pensás, 40 años después, de esa forma de abrirte camino?

No me quedaba otra que ser brava. ¿Qué iba a conversar con los tipos? Nunca me dejé pisotear. Pero aprendés con el tiempo que cuando sabés que podés destruir al otro y no lo hacés, tenés un punto a favor. Hace daño querer ganar. No soy bélica. Me gusta conciliar, pacificar. Gracias a Dios que no existen ya las peleas. Muchos no saben, ¡Pero siempre terminábamos con bollos!
¿Cómo eran esas “bataholas”? ¿Qué anécdotas contás poco?

Recuerdo un boliche en San Miguel, por ejemplo. A la tarde probábamos sonido y para no volvernos a casa porque íbamos en colectivo con Oscar (Mediavilla, su pareja), nos quedamos hasta la hora de cantar. En el baño había un cartel: Prohibido salir sin pollera. Me explican que algunas mujeres guardaban la ropa y salían a bailar en bombacha. Ese día un tipo se quiso propasar conmigo y Oscar le tiró una tumbadora por la cabeza. Toda la banda encerrada en el baño. Cuando el tipo y sus amigos nos vinieron a buscar, nos escapamos por la ventana del bañito. Otra vez le rompieron una botella por la cabeza a mi papá y se armó una batalla campal.
¿Cómo fue?

En Santa Fe, unos chicos medio borrachos empezaron Vení, linda, tomate algo . A la tercera vez que lo dicen, Oscar los para y uno de ellos dice: ¿Y a éste quién le dijo algo? Mirá la cara de boludo que tiene.
Oscar se levantó y si se levanta, ya sabés lo que pasa. Trompada. Se mete mi papá y un tercer tipo le rompe una botella en la cabeza a mi viejo. No puedo contarte la pelea que se armó. Todo el boliche se partía sillas por la cabeza. Volaban platos y bandejas. A Oscar lo estaban matando en el piso y yo corrí y me subí a la espalda del tipo. Ese me agarra del cuello y un borracho grita, Con la mina, no.
Para qué. El boliche quedó destruido. El dueño se agarraba la cabeza. Nos fuimos con la policía.
Paradójico. Epocas de mucha contienda y ahora sos pura paz. ¿Te volviste más sensible?

Siempre fui muy sensible, pero antes no se podía ser sensible. Tenía que hacerme respetar. Ahora es otro momento externo e interno. Ahora tengo el compromiso espiritual de cantar. Tengo un gozo terrible. Ensayo y se me pone la piel de gallina.
¿Hoy escasean esas topadoras como vos? ¿Por qué sigue siendo tan difícil que brillen en la música las mujeres?

No veo muchas mujeres hoy de 20 años. La mayoría tiene mi edad o 10 años menos. Excepto, por ejemplo, las Eruca sativa, que tiene un rol determinante en el escenario, veo chicas cantando un pop liviano o unas baladas estúpidas. Si no es preciosa, no la toman. Escucho a chicas que dicen: Fui a llevar el demo a la discográfica y me pidieron una foto . ¿Y el demo? No importa. Eso es humillante.
¿Por qué recién el Luna Park, a cuatro décadas de tus comienzos?

Lo desechábamos por una cuestión burocrática. Había que empezar con tiempo los papeles y siempre nos acordábamos tarde. El plus que tiene es que te da la escenografía de una cancha. Pienso hacer un DVD de este show y es el lugar maravilloso para que se vea multitudinario. Pero no puedo quejarme. Yo canté en el estadio de Tallin, en Estonia, en plena Perestroika. En medio de 60 mil personas, había un cartel que decía “Valentín Alsina”. Nunca me voy a olvidar de eso, o del Satori Hall de Tokio.
¿En cuánto “Soñando por cantar” ayudó a redescubrirte?

¡Tanto! Mi público sigue siendo el mío, pero muchos empezaron a abrirme su corazón desde la palabra. Ese también es un camino posible. Una vez que los compraste, un gran porcentaje se queda con tu música. Es raro, pero tengo fanáticos muy pequeños. ¿Cómo si soy una cincuentona y tengo público de 14 años? Cris Morena me lo avisaba ya cuando hacía Chiquititas: Mirá que estás sembrando público .
Cuenta que cuando termina un show, repiten una pregunta insólita: ¿No vende lo que dijo? Es que el objetivo no es repetir lo que suelta en sus discos, sino que sus hormiguitas “se lleven la sensación en el plexo solar”: “La palabra hablada es un cachetazo y me gusta cachetear”. Habla de la palabra, pero en su vida está la acción. Desde 1998 su fundación “Pequeños gestos” trabaja con los Tobas en el Chaco. No se lo contaron. Lo ve. Se anima. Se filtra en El Impenetrable con la misma estampa brava que la de esa que hacía volar tumbadoras.
¿No tenés miedo a salir lastimada por meterte en el dolor?

Tengo el alma heavy metal. Ya me di cuenta. No permito que penetre en mi aura nada que me haga flaquear. Después sí, cuando vuelvo, lloro una semana seguida. Pero sino, no sirvo. Tengo que levantar al caído, no caerme con él. Estoy ahí porque puedo.
Sale el sol en San Telmo y ella sale al sol. Una rara mezcla de felicidad y tristeza. Justo ahí, se cuela algo tanto menos importante. Pero doloroso al fin: “Independiente... Hablando de sufrimiento. Le prendí velas a San Expedito y nada. Pienso que le habrán hecho un gualicho. Parece que le corrieran el arco. Pero el club sigue siendo mío igual. A veces hay que ir hasta el fondo para saber subir”. fuente:clarin.com 

Por Marina Zucchi