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lunes, 18 de marzo de 2013

Pink Floyd: los iluminados del ‘73 Lleva vendidos 50 millones de ejemplares en el mundo. Es un bastión del rock progresivo. Este mes se cumplen cuatro décadas de un disco que aún resuena allá y acá. Su historia.


Concluía 1971 y Pink Floyd era ya una potencia en la escena de rock progresivo con el reciente suceso del álbumMeddle. No obstante, el éxito obtenido había aguzado algunas tensiones subyacentes en la banda. Su líder, Roger Waters, veía que el mundo del rock le planteaba varias contradicciones. Criado en una familia de sólidos ideales socialistas, no lograba reconciliar sus convicciones con lo que percibía como la frivolidad del “ rock and roll way of life ”. Sus supuestas recompensas económicas lo dejaban con una sensación de vacío espiritual; Roger sentía que esos estímulos no compensaban la pérdida de emoción en las relaciones personales. A la vez, las presiones de la industria musical le resultaban cada vez más parecidas a las que podía experimentar un ejecutivo de carrera en una empresa.
Waters transformó esas contradicciones en el hilo conceptual del siguiente álbum de Pink Floyd, The Dark Side of the Moon (El lado oscuro de la luna). Su argumento giraba alrededor de las presiones que vuelven locas a las personas: la obsesión de ganar más y más dinero, la sensación de que el tiempo vuela, las impenetrables estructuras de poder de la industria, el gobierno y la religión organizada, y los impulsos que conducen a la agresión y la violencia.
Con el nombre provisional de Eclipse, la nueva obra debutó en la gira inglesa que Pink Floyd inició en enero de 1972. Además del título, había varias partes que eran tentativas a esa altura y que fueron puliéndose a lo largo de los shows, de modo que cuando Waters, Gilmour, Wright y Mason entraron a Abbey Road para grabar el álbum, en junio de 1972 -con un joven ingeniero llamado Alan Parsons- The Dark Side of the Moon tenía ya una estructura definida.
El álbum comienza con un collage sonoro llamado Speak to Me. Las voces que se escuchan de fondo son respuestas a un cuestionario que el grupo recopiló para realizar entre varios allegados, incluyendo los asistentes de la banda y el encargado de la limpieza del estudio. Era una especie de test psicológico, con preguntas como ¿Le tienes miedo a la muerte? ¿Hay un lado oscuro de la luna?
Breathe describe la frustración de perseguir metas sin sentido, sin tiempo para apreciar el significado profundo de la vida. “Corre, conejo, corre / cava un agujero, olvídate del sol / y cuando hayas terminado tu labor / no te sientes, que es tiempo de cavar otro más…”. El tema de la competencia social, el estrés cotidiano y el paso del tiempo continúa en el tema instrumental On the Run y alcanza su clímax en el poderoso Time. Comienza con relojes sonando al unísono, grabados por Parsons en una tienda de antigüedades. Luego Gilmour entona: “Cuando sos joven / la vida es larga y te sobra el tiempo / hasta que un día comprobás que se te escurrieron diez años / Nadie te avisó cuándo empezaba la carrera… Estás más viejo, con menos aire, y cada día más cerca de la muerte…”.
The Great Gig in the Sky (El gran baile en el cielo) -eufemismo que alude a la muerte- contiene una legendaria parte vocal a cargo de Clare Torry, una modesta cantante de sesión. Para guiarse en semejante maratón, solo recibió unas pocas indicaciones del grupo; lo demás fue pura improvisación. Para conseguir el master definitivo, se unieron las mejores partes de tres tomas.
El sonido de una caja registradora inicia Money, un relato de cómo el dinero corrompe los ideales y alimenta la paranoia de quien lo acumula. A este rock furibundo se suma, en saxo, Dick Parry, un amigo de Gilmour de los días de Jokers Wild, la banda que David integró en Cambridge, antes de entrar en Pink Floyd.
Money fue hit cuando se lanzó en simple en los Estados Unidos y era el tema más pedido en los recitales de Floyd.
Us and Them (Nosotros y ellos) nació como una idea del tecladista Rick Wright para el film Zabriskie Point, de Michelangelo Antonioni. Debía acompañar una escena donde la policía ataca a una manifestación estudiantil en la Universidad de Los Angeles. Al director italiano esta balada le pareció muy triste y la descartó, pero el grupo vio que encajaba justo con la onda del álbum. Su tema es la guerra y la manipulación de la gente común por los poderosos.
Viendo que The Dark Side... sería el disco más estructurado de su carrera, la banda quiso dejar al menos un tema para desplegar su músculo instrumental. Eso fue Any Colour You Like (El color que te guste), título que viene de una broma de Henry Ford quien, refiriéndose a su famoso modelo Ford-T, solía decir que el auto estaba disponible en el color que te gustase, “siempre que fuese el negro…”.
La letra de Brain Damage (Daño cerebral) parece aludir al antiguo líder de Floyd, Syd Barrett, pero Waters trazó una perspectiva más amplia al decir que este pasaje musical tranquilo, casi pastoral, “habla del ser humano real, ese que se esconde dentro de nosotros, no la persona que ve el resto del mundo. El lunático de la letra somos en realidad todos, pero tratamos de mantenerlo oculto…”.
La imagen central de Eclipse, el gran final del álbum, es la de una árida luna tapando la fuerza vital del sol entre imágenes de opuestos: el bien y el mal, éxito y fracaso, cordura versus locura. El corolario, según Waters, es que las cosas buenas de la vida están allí para que las tomemos, sólo que las fuerzas oscuras de nuestra naturaleza a menudo nos impiden alcanzarlas.
Editado en marzo de 1973 (para Capitol Records, salió el 17 en EE. UU.; y el 24, en Inglaterra), El lado oscuro de la luna no solo le dio a Floyd fama mundial, sino que les otorgó un eje temático centrado en lo social, que sería una columna vertebral de sus futuros discos hasta el cisma interno que los separó diez años más tarde. Fue el álbum que consagró a Roger Waters como el ideólogo de la banda. Sus visiones acerca de las presiones de la vida moderna, la ambición desmedida, la guerra, la soledad y la locura marcaron un antes y un después en el campo del rock conceptual. Una obra de vanguardia aún vigente en pleno siglo XXI. fuente: clarin.com Por Alfredo Rosso especial para clarín