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viernes, 11 de enero de 2013

Adiós a Ada Louise Huxtable.


Ada Louise Huxtable, que fue una pionera de la crítica de arquitectura en las páginas de The New York Times, desde donde destacaba las virtudes de los edificios que respetaban la dignidad humana y la historia cívica –y fustigaba a los que no lo hacían- murió el 7 de enero en Manhattan. Tenía 91 años.

Su abogado, Robert N. Shapiro, confirmó su muerte. Huxtable vivió en Manhattan y Marblehead, Massachusetts. Desde 1963, como crítica de arquitectura full-time de un diario estadounidense, abrió los sagrados recintos del diseño y el urbanismo a los lectores corrientes. Por ello, recibió el primer Premio Pulitzer de crítica en 1970. En tiempos más recientes, fue crítica de arquitectura de The Wall Street Journal.

“La Sra. Huxtable inventó una nueva profesión”, dijo el editorial de despedida del Times en 1981, en momentos en que dejaba el diario, “y simplemente cambió la manera en que la mayoría de nosotros vemos y pensamos los entornos creados por el hombre”.  En una época en la que los arquitectos todavía estaban enamorados de la renovación urbana que partía de una tabla rasa, Huxtable defendió la conservación, no porque los edificios viejos fueran bonitos o incluso monumentos históricos sino porque eran un aporte vital al paisaje urbano. La escandalizaba que el afán de lucro dictara lo que debía hacerse en urbanismo y llevara a los desarrolladores a tratar de obtener la mayor superficie construida en el menor terreno posible y con las instalaciones públicas más reducidas que pudieran lograrse.

A Huxtable le disgustaban la banalidad, la monotonía, el artificio y la ostentación, la codicia privada y la ineptitud oficial. Podía ser elocuente o impertinente e incluso sarcástica. De elegante aplomo en persona, al escribir no se privaba de comparar lo peor de la arquitectura estadounidense contemporánea con los excesos totalitarios de Hitler, Mussolini y Stalin.

“Hay que querer mucho a un país para estar tan poco satisfecha con él como está ella”, escribió Daniel Patrick Moynihan, más tarde senador de los EE.UU. por Nueva York, en el prólogo a una colección de 1970 de los escritos de Huxtable titulada Will They Ever Finish Bruckner Boulevard? (¿Alguna vez terminarán Bruckner Boulevard?).

Fue el primero de una serie de libros cuyos títulos mismos transmiten el tono impaciente e irreverente de esta crítica. Entre ellos se cuentan Kicked a Building Lately? (¿Pateó algún edificio últimamente?) (1970) y Goodbye History, Hello Hamburger (Adiós historia, hola hamburguesa) (1986).
Aunque tenía un buen conocimiento de los estilos arquitectónicos, Huxtable a menudo parecía más interesada en el aspecto social. Invitaba a los lectores a mirar un edificio no como un conjunto de pilastras y cornisamentos sino como una declaración pública cuya forma y ubicación tenían consecuencias reales para sus vecinos y sus habitantes.

“Ojalá dejaran de preguntarme cuáles son mis edificios preferidos”, escribió Huxtable en el Times en 1971, agregando: “No creo que importe mucho cuáles son mis preferencias personales, salvo cuando ilustran principios de diseño y ejecución útiles y esenciales para el espíritu colectivo que llamamos sociedad. Por los ejemplos irremplazables de ese espíritu daré una verdadera batalla”.

En realidad, no era posible confundirse respecto a qué le gustaba a Huxtable –Lever House, el Ford Foundation Building y el CBS Building en Manhattan; la histórica Bronx Grit Chamber; la Municipalidad de Boston; el East Building de la Galería Nacional de Arte de Washington; Pennzoil Place en Houston- y, para deleite de sus lectores, lo que no le gustaba.

“El nuevo museo parece un palazzo veneciano troquelado sobre chupetines”, escribió en 1964 sobre la Galería de Arte Moderno de 2 Columbus Circle. Su descripción llegó a ser sinónimo del edificio mismo, “el edificio chupetín”, y probablemente haya sido más conocida por los neoyorquinos que el nombre del arquitecto: Edward Durell Stone.

La galería, abandonada durante largo tiempo, desde entonces fue modificada considerablemente para albergar el Museo de Artes y Diseño. Podría argumentarse que el epíteto de chupetín de Huxtable contribuyó a condenar al fracaso los esfuerzos de los conservacionistas para salvar la fachada original. Pero el tipo de modernismo monumental romántico de Stone nunca fue de su agrado.
“Albert Speer lo habría aprobado”, dijo en 1971 sobre su Kennedy Center for the Performing Arts de Washington, vinculando a Stone indirectamente con el principal arquitecto de los nazis. “El edificio es una tragedia nacional. Es una cruza entre una caramelera de hormigón y un sarcófago de mármol en el que está enterrado el arte de la arquitectura”.

Esto está muy lejos de la cobertura servil de los nuevos edificios que Huxtable detestaba en los diarios de los años 50. Y fue recibido con agrado.
Ada Louise Landman nació el 14 de marzo de 1921. Era hija de Leah Rosenthal Landman y el Dr. Michael Louis Landman. Creció en Manhattan en una casa de departamentos de estilo Beaux Arts, St. Urban, en Central Park West y la Calle 89, y paseaba fascinada por Grand Central Terminal, el Museo de Historia Natural y el Metropolitan Museum.

A edad temprana llamó la atención del Times con sus escenografías para las producciones de Hunter College de The Yellow Jacket en 1940 y H.M.S. Pinafore en 1941. Después de recibirse en Hunter en 1941, ingresó al Instituto de Bellas Artes de la Universidad de Nueva York. Pero su hogar académico más preciado probablemente haya sido la Biblioteca de Arquitectura Avery de la Universidad de Columbia.
Terminados sus estudios, fue contratada por Bloomingdale’s para vender una línea de muebles que incluía trabajos de Eero Saarinen y Charles Eames. “Muchos arquitectos y diseñadores jóvenes realizaban el obligatorio recorrido por las salas”, recordó. “Uno de ellos me vio y se casó conmigo”.

Era L. Garth Huxtable, un diseñador industrial. Fue él quien tomó muchas de las fotografías que ilustran los libros de su mujer. El matrimonio también colaboró en el diseño de la vajilla para el restaurante del Four Seasons que se inauguró en 1959 en el Seagram Building. Garth Huxtable murió en 1989. Ada Huxtable no deja familiares directos.

Huxtable fue asistente del curador de arquitectura y diseño del Museo de Arte Moderno de 1946 a 1950. Ganó la beca Fullbright para estudiar arquitectura italiana entre 1950 y 1952, y la Guggenheim en 1958. También había empezado a escribir para revistas de arquitectura.
En 1958, se dirigió a un público más amplio en la revista de The New York Times con un artículo donde criticaba la forma en que los diarios cubrían el desarrollo urbano. “Se construyen manzanas mucho más grandes, cambian la fisonomía y los servicios de la ciudad, indiscutiblemente”, escribió Huxtable. “La arquitectura es la hijastra de la prensa popular”.

Cinco años después, fue invitada a ser la crítica del diario por Clifton Daniel, entonces editor adjunto del Times. Aunque la reseña de arquitectura no era algo nuevo –podía detectarse una línea, en general en las revistas, que se remontaba al siglo XIX a través de Aline B. Saarinen, Lewis Mumford, Montgomery Schuyler y otros-, a Huxtable se le pedía que escribiera como empleada permanente de un diario de interés general.

“Al principio rechazó el ofrecimiento, diciendo que el periodismo diario interferiría con su vida privada”, escribió Nan Robertson en su libro de 1992 The Girls in the Balcony: Women, Men and The New York Times (Las chicas del balcón: Las mujeres, los hombres y The New York Times). “Daniel buscó en otros lugares, asiduamente, pero, según sus propias palabras, ‘no pude encontrar a nadie mejor que ella’”.

Robertson dijo que Huxtable siguió la tradición de la columnista de internacionales Anne O’Hare McCormick: “ser tan buenas que no podían ser pasadas por alto por los hombres que dirigían el establishment y tan firmes en lo personal que no serían pasadas por alto”.
Huxtable, por su parte, dijo que el Times hizo una “jugada valiente” por “creer que la calidad del mundo construido era importante, en un momento en que el medio ambiente era sólo una palabra del diccionario”.

Temida por algunos arquitectos, odiada por algunos desarrolladores y no universalmente admirada por los académicos, Huxtable no obstante era “amada por el público”, escribieron Robert A.M. Stern, Thomas Mellins y David Fishman en New York 1960, publicado en 1995.

Su elevado grado de exigencia era lo suficientemente conocido como para ser mencionado en una tira cómica de Alan Dunn aparecida en la revista New Yorker en 1968. En ella se ve una obra en construcción tan incipiente que sólo se ha erigido una columna de acero. Un obrero con casco sostiene un diario y le dice al arquitecto: “¡A Ada Louise Huxtable ya no le gusta!”

En 1969, se incluyó entre los Premios Pulitzer un galardón de crítica o comentario. El primero, de 1970, dividió a los jueces entre Huxtable por crítica y Marquis W. Childs de The St. Louis Post-Dispatch por comentario. Huxtable fue la segunda mujer, después de McCormick, 33 años antes, en ganar un Pulitzer para el Times. En 1973, fue la segunda mujer designada para integrar el consejo editorial del Times. (McCormick había sido la primera.) La sucedió como crítico de arquitectura Paul Goldberger pero siguió escribiendo sobre arquitectura en una columna dominical. Dejó el Times cuando se la nombró MacArthur Fellow en 1981. Gracias a su labor, la crítica de arquitectura pasó a ser una sección fija en los grandes diarios y un área más para los Premios Pulitzer.

“Antes de Ada Louise Huxtable, la arquitectura no era parte del diálogo público” declaró Goldberger en 1996. Huxtable escribió once libros. Four Walking Tours of Modern Architecture in New York City (Cuatro recorridos a pie por la arquitectura modernista de la ciudad de Nueva York) (1961) incluía una crítica característica sobre el Pan Am Building, que entonces se construía directamente detrás de Grand Central. (Actualmente es el MetLife Building.)

Más que en la estética, Huxtable centraba su mirada en cómo modificaría la torre la escala de Park Avenue, agregando “una carga fuera de lo común a las instalaciones peatonales y de transporte actuales”. Y continuaba: “Su carácter antisocial contradice directamente las enseñanzas de Walter Gropius, que colaboró en su diseño”. Cuando el Times la nombró crítica, Huxtable estaba trabajando en una serie de seis volúmenes sobre la arquitectura de la ciudad de Nueva York. Sólo se publicó el primer tomo, Classic New York: Georgian Gentility to Greek Elegance (Nueva York clásica: De la nobleza georgiana a la elegancia griega), en 1964.

En él, elogiaba no sólo los templos neogriegos sino también las casas híbridas de comienzos del 1800. “Son ‘arquitectura callejera’ más que ‘edificios históricos’”, explicó. “Su valor es el contraste, el carácter, el cambio de ritmo visual y emocional, una repentina sensación de intimidad, de escala, cualidades que evocan otro siglo”.

Su interés en la conservación no la hizo enemiga de la modernidad. En The Tall Building Artistically Reconsidered: The Search for a Skyscraper Style (El edificio alto repensado artísticamente: La búsqueda de un estilo para el rascacielos) (1984), Huxtable decía que el rascacielos con piel de vidrio, cuyo arquetipo era la obra de Ludwig Mies van der Rohe, ofrecía “un estilo vernáculo soberbio, probablemente el conjunto de convenciones arquitectónicas más atractivas y útiles desde las casas adosadas georgianas”.

Lo que la enfurecía eran las “reproducciones auténticas” de la arquitectura histórica y los “entornos sustitutos” como el Williamsburg colonial y las comunidades diseñadas conforme a un plan maestro como Celebration, Florida, de Disney Company. “Los cotos privados de los parques temáticos y los grandes centros comerciales cada vez más reemplazan a la naturaleza y el dominio público, mientras que la nostalgia por lo que nunca fue sustituye a la supervivencia urbana auténtica”, escribió en The Unreal America: Architecture and Illusion (El Estados Unidos irreal: Arquitectura e ilusión) (1997).

El último libro de Huxtable, de 2008, fue On Architecture: Collected Reflections on a Century of Change (Acerca de la arquitectura: Colección de reflexiones sobre un siglo de cambio). Y su última columna, publicada en The Journal el 3 de diciembre de 2012, se refería a la inminente reconstrucción de la Biblioteca Pública de Nueva York con la eliminación de las estanterías centrales. Llevaba por característico título Undertaking Its Destruction (Emprendiendo su destrucción).

En última instancia, sin embargo, lo que la animaba y sostenía no eran los errores sino los triunfos. Como dijo de Nueva York en el Times en 1968:
“Cuando está bien, esta es una ciudad de fuerza, sofisticación y belleza fantásticas. No se parece a ninguna ciudad de otra época o lugar. Los turistas e incluso los nacidos en ella rara vez usan las palabras carácter urbano o estilo ambiental pero es a eso a lo que reaccionan con admiración en presencia del acero, la piedra, el poder y la vida acumulados y concentrados”.

Traducción: Elisa Carnelli.
fuente:clarin.com