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martes, 22 de noviembre de 2016

Adrian Belew: Carisma y talento para sortear una noche accidentada El virtuoso guitarrista debió apelar en la noche del lunes a su enorme talento, al virtuosismo de sus músicos y a su gran carisma para poder sortear la serie de problemas técnicos que sufrió durante el show ofrecido en el Teatro Ópera, en una nueva visita a la Argentina.

En esta oportunidad, el ex King Crimson planeaba presentar en vivo, entre otras cosas, la plataforma creada por él, que condensa distintos trozos de músicas diferentes y sonidos incidentales, pero una serie de desperfectos técnicos lo obligaron a tener que apelar a un repertorio sin efectos especiales, por momentos improvisado, que de todos modos fue disfrutado por sus fieles seguidores.

Ocurre que, si bien el concierto brindado no era el que el músico había preparado, eso no impidió que durante dos horas, con alguna interrupción por los inconvenientes técnicos, Belew y compañía brindaran vibrantes interpretaciones de composiciones de su etapa solista y algunos clásicos de King Crimson.

Sin dudas, que el recital no haya defraudado al público fue responsabilidad del oficio de Belew, obtenido seguramente de su labor al lado de figuras como Frank Zappa, David Bowie y Talking Heads, entre otros, y de la enorme tarea del trío que lo acompaña, conformado por la bajista Julie Slick y el enorme baterista Tobias Ralph.

Cabe destacar el sentido del humor del guitarrista y su buena voluntad para seguir adelante con el show, algo que no es muy común ver en muchas figuras de la música, al punto de revisar en el momento el listado de temas y adaptarlo a la situación.

Sin grandes estridencias, Belew ingresó al escenario a la carrera, con el resto de su banda, se calzó la guitarra e inició el show con una seguidilla de temas de corte rockero que fueron “enganchados” con sonidos disparados desde distintos dispositivos que formaban parte del set.

Con Slick en el rol de guitarra rítmica, Belew echó mano a varias gemas de su repertorio solista, como “The momur”, “Big electric cat”, “Men in helicopters” y “The lone rhinoceros”.

El primer “momento Crimson” se produjo con “Dinosaur”, una canción bastante especial para el público argentino debido a que fue compuesta durante el período en que la legendaria banda de Robert Fripp eligió a nuestro país para trabajar sobre nuevo material, en 1994.

A partir de allí, ya con Slick en el bajo, Belew desempolvó otra joya del repertorio crimsoniano como “One time”, para luego desembocar en la celebrada “Three of a perfect pair”, acaso uno de los puntos más sofisticados de la noche.

Una composición instrumental, en la que el guitarrista grabó una base en vivo para que luego se armara la canción sobre ella, dio la posibilidad de ver al power trío en su esplendor y haciendo uso de la tecnología planeada, en lo que puede haber sido tomado como una pista de lo que el concierto hubiera sido si las fallas no hubieran aparecido.

“Frame by frame” mantuvo la emoción y preparó el clima para la potente y lúdica “Beat box guitar”, en la que Belew se permitió algunos juegos en vivo con el baterista, en un pasaje que recordó a algunas performances en vivo de Frank Zappa.

Sin embargo, a esa altura, los problemas técnicos atentaban contra varias de las interpretaciones, por lo que el intervalo previsto promediando el show se convirtió en un ir y venir de técnicos tratando de solucionar los inconvenientes.

Con alguna demora, Belew volvió al escenario, sin perder su simpatía, y explicó que el seteo preparado necesitaba de una tensión eléctrica estable, algo que no estaba ocurriendo, como para que no se apague todo el tiempo.

La segunda parte del show mostró al guitarrista preocupado por encontrar en el repertorio canciones que pudieran ser interpretadas sin la parafernalia prevista. En esa empresa, el carisma de Slick y el virtuosismo de Ralph resultaron ser los socios ideales.
El espíritu de Crimson volvió a aparecer en “Heartbeat”, “Walking on air” y una breve e improvisada, pero sentida, versión de “Matte Kudasai”, casi a modo de regalo a la audiencia. De hecho, esta canción fue interpretada solo por el guitarrista mientras la bajista se sentaba en una silla, ubicada en el escenario, como para disfrutar mejor el momento.

“Estoy tan apenado que hayan pasado estas cosas. Gracias por su paciencia”, dijo sonriente el guitarrista, antes de cerrar la noche con la festejada “Indiscipline”, en una genial interpretación vocal, que jugó al contraste de tensiones entre el paranoico recitado y el furioso ataque instrumental de la banda.

Conscientes de que no había lugar para bises, el trío se despidió del fiel público argentino, que devolvió con ovaciones el denodado esfuerzo de los músicos por ofrecer un espectáculo a la altura de las expectativas, más allá del contexto.

fuente. telam.com.ar
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