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jueves, 12 de noviembre de 2015

"Gloria Trevi": "Antes no tenía control de mí" A 11 años de recuperar la libertad tras la acusación de abuso de menores, la mexicana pasó por el país. Su experiencia en la cárcel y sus deseos de cantar con Fito Páez.

Si se le da Play a un video que data de 1992, ahí está ella, descuartizando la camisa de Marcelo Tinelli. Ritmo de la noche. Suena Gomazo súbete, pasa el show de bloopers y enseguidita irrumpe la mujer del frizz de espantapájaro. Un archivo de movimientos fundacionales de lo que sería el baile del caño del futurista ShowMatch. Hoy, 23 años después de aquel momento, luce alisado permanente, la compostura de una señora y -tras cinco años de cárcel- la mochila de tener que revertir una imagen: “No tuve que empezar de cero en la música”, advierte Gloria Trevi. “¡Empecé desde menos un millón!”.
Gloria es, para los desprevenidos, la cantante mexicana a la que el marketing llamaba “Madonna azteca”. Nació en Monterrey, creció en Tamaulipas y aún lleva en los muslos el recuerdo estampado de las clases de aerobic que dictaba. En los ‘90 alcanzó una popularidad tan positiva como negativa: por su música la seguían intelectuales como Elena Poniatowska y, por el supuesto horror -denuncias de abuso y corrupción de menores-, en 1998 la conoció medio mundo más.
Desde entonces, atravesó un calvario de telenovela. Estuvo prófuga. Se habló de sectas. La Justicia mexicana la buscó por mar y por tierra (a ella y a su representante Sergio Andrade). Fue encontrada en Río de Janeiro en 2000. Tres años de cárcel en Brasil. Un hijo -Angel Gabriel- nacido en prisión. Una extradición a México en 2002. Entretanto, la fiscalía pedía 34 años de encierro y sus fans le rezaban a la Virgencita de Guadalupe. El final: sólo dos años más de barrotes, hasta que fue absuelta.
A una década de recuperar su libertad, Gloria está en la gloria. Llegó a Buenos Aires para presentar su disco El amor. Y para refrescarle la memoria a esos nostálgicos que cantaban A mí me gusta andar de pelo suelto/aunque me vean siempre con enredos.
¿Tu mayor trabajo fue revertir tu imagen? ¿O los fans siempre creyeron en vos?
Hubo una parte del público que siempre creyó, y otros que todavía no conocen bien la historia. Pero sé que al final, como dice la canción, todos me miran y al final me amarán. Ahorita yo tengo una demanda puesta en los Estados Unidos, en contra de las personas que me difamaron y calumniaron. Hubo mucha manipulación de medios. Los políticos dependen de ellos para hacer campañas, así que esto se convirtió también en un tema político en el que yo era buena cortina de humo para los verdaderos problemas. De repente estaban los universitarios haciendo huelga, y sacaban una nota amarillista de Gloria Trevi. Era para distraer la atención del público. Tuve que trabajar mucho. Todavía encuentro gente que no entiende y me pregunta. Inclusive, hoy a la mañaña estuve en un programa de TV y por un pelo casi les digo ‘A la chingada, no me levanto temprano para que me estén diciendo corrupción de menores.’ Ya es una historia vieja. Hace 11 años que salí absuelta y evolucioné en la música.
Cuando visitaste el país en 1992, te describían como “volcán de rebeldía”. ¿Te aplacaste o era puro marketing?
No siento que me haya aplacado.Simplemente soy fiel a mí. Yo sé cuál es mi área de confort. Y esta no es mi área de confort, es mi reto: si ahorita estuviera con los pelos parados y las medias rotas, sería una caricatura de mí. Una cosa es ser una adolescente, estar iniciando una carrera y querer llamar la atención. Pero si ya tengo tu atención, ya está. No voy a negar que cuando canto "Pelo suelto", sale el monstruo que hay dentro. Pero no puedo venir a la Argentina así: ya me funcionó venir con los pelos parados y las medias rotas. Me sentiría completamente falsa y absurda. Amo la niña que fui, porque me transforma en la cabrona que soy. Se me puede romper la media y no muero de miedo. Soy poderosa porque tengo control de mí. Antes no tenía control de mí.
¿En qué sentido?
Tengo el control de mí misma, y amor por mí misma. Antes no. Tenía muchísima inseguridad. Fui un patito feo en la escuela. Pasé por bullyng. Después, con todo lo que viví, me hice más fuerte. Vengo de una familia muy católica. Cuando mis papás se divorciaron, yo era chiquita, y eso era inconcebible. En mi familia nunca había sucedido. Me decían que la sociedad no me iba a aceptar ya por ser hija de divorciados. Y si un niño se me acercaba, yo tenía ese comentario clavado de antemano. Estaba a la defensiva. Allí es cuando empieza a nacer Mister Trevi, el hombre al que juego ser en mis shows y discos.
¿Es el hombre que quisieras ser, es tu parte masculina, o es tu hombre ideal?
Es el hombre perfecto que tengo adentro. Surgió confirmando que todos tenemos una dualidad. Mr. Trevi tiene un poco de Frank Sinatra y algo de Elvis Presley. Es mi necesidad de dejar mi lado femenino vulnerable.
¿Se habrá gestado en la cárcel, como escudo, como protección?
Lo traía antes. Creo que Dios confió en mis ojos para ver el dolor. En ese lugar aprendí a no juzgar. Por ejemplo: ahora todos se les van a la yugular al millonario Donald Trump. Yo digo que él habla desde su punto de vista ignorante. No sabe de los valores de vida de los latinos. Estar en ese lugar doloroso me permitió ver injusticias.
A la distancia, ¿cómo recordás esa estadía entre rejas? 
En las cárceles la mayoría de las mujeres no son criminales; están allí por hombres. Por el papá o el hijo que estaba en el narcotráfico. La policía revienta la casa y se lleva a la abuelita, a la mamá, a hijas. El hombre siempre sale primero. El sistema legal es una porquería todavía. Estuve cinco años privada de mi libertad. Eso no me lo devuelve nadie. Pero no me quedo viviendo en el pasado. Ya casi no me acuerdo. Me lo recuerdan acá. Yo pienso en lo que vendrá, en el show en la Argentina. Me gustaría cantar con Fito Páez. ver nota completa en su fuente: clarin.com