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lunes, 22 de septiembre de 2014

"Pablo Pinto". Ganó el Cóndor de Plata y cuando no actúa arregla lavarropas Personaje de barrio Luego de infinidad de bolos, Pablo Pinto (42) recibió el prestigioso premio del cine nacional como "revelación" por su protagónico en "De martes a martes". Pero no deja de lado su oficio como técnico en Moreno. "Tengo los pies sobre la tierra, porque llevo toda la vida luchándola", cuenta.

Si la vida del actor Pablo Pinto (42) pudiera ser relatada a través de una metáfora futbolística, podría decirse que primero estuvo sentado en el banco de suplentes, atento, paciente y hasta expectante. Cuando el director Gustavo Triviño le ofreció el papel de Juan Benítez en la película “De martes a martes”, su primer protagónico en cine, fue como si le dieran la camiseta titular para entrar a la cancha. Y una vez dentro, Pablo hizo lo que mejor sabe hacer: actuar. Esperó la pelota, estudió la cancha e hizo su mejor jugada, que terminó en un golazo para su equipo: hace un mes ganó el Premio Cóndor de Plata, entregado por la Asociación de Cronistas Cinematográficos de Argentina, al actor revelación por ese papel.
Este galardón no es más que otro reconocimiento a una película que viene cosechando éxitos desde su estreno. “De martes...” participó en casi 30 festivales y ya recibió unos veinte premios, algunos de ellos destacando el talento de Pinto, como el Colón de Plata al mejor actor en el Festival Iberoamericano de Huelva (España), en 2012. Pero el éxito y el glamour de las alfombras rojas no cambiaron su esencia, esa que lo liga al barrio, a su Moreno natal, donde lo declararon Ciudadano Ilustre y aplaudieron su filme en el tradicional Teatro Leopoldo Marechal.
“Este es mi lugar. Yo nací acá y viví toda mi vida en Moreno. No me imagino criando a mis hijos en otra parte”, dice sentado junto a la vidriera de uno de los bares tradicionales de su ciudad. Señala enfrente y cuenta: “Esa florería la fundó mi papá. Antes ocupaba toda la esquina, donde hoy está la heladería. Mi abuelo tenía su quinta acá a 15 cuadras, cosechaba, traía y armaba los ramos en el sótano”. También recuerda que su abuela Antonia era enfermera y recorría el barrio en bicicleta para aplicar inyecciones y hacer curaciones. Mi viejo, mi tío, todos son laburantes. Por eso nos conoce tanta gente, y sé que muchos se alegraron de corazón con el premio”, sostiene.
Juan Benítez, el personaje que interpreta en “De martes a martes”, es un tipo introvertido, fanático del entrenamiento, que trabaja en una fábrica mientras sueña con abrir su propio gimnasio. Pablo, en cambio, es extrovertido y simpático. Tiene pinta de amiguero y va por la calle saludando a todo el que se cruza. Ama actuar pero no se queda sólo con eso para llevar el pan a su casa: cuando no está filmando, es técnico de cocinas y lavarropas. Y sale y entra de un rol a otro con la ductilidad de un actor: “Cuando volví de recibir el premio en Huelva, fui a reparar unos lavarropas. Tengo los pies sobre la tierra, porque llevo toda la vida luchándola”. 
Por eso lo que más emociona a Pablo –y así lo confesó en el discurso al recibir el Cóndor de Plata– es la compañía de Majo, su mujer, y Alejo y Josefina, sus hijos. “Casi me quiebro cuando los nombré a ellos”, sonríe. Es gracioso ver a este hombre de 1,90 metro hablar con ternura de sus afectos. Pero es así. En un ambiente en el que abundan los egos, él cosechó amigos entrañables en cada equipo de trabajo que integró. “Debe ser que me muestro tal como soy, y con eso le llego a la gente de otra forma”, cree. “Toda mi vida hice bolos. Por mi apariencia, hice infinidad de veces de patovica. Estaba esperando que me dieran la oportunidad de demostrar que soy actor y llegó. Sé que ahora tengo mucho más por delante”, cierra. fuente: clarin.com