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domingo, 11 de mayo de 2014

"Axel": "La realidad superó lo que había soñado" El martes sale a la venta su nuevo disco. "Tus Ojos Mis Ojos". Dice que la gente sabe que sigue siendo un chico de barrio, que compone lo que le sale y no lo que le pide, y explica por qué el amor es sinónimo de libertad.

“Jamás hubiera pensado que algún día tendría mi propio estudio. Mi sueño era vivir haciendo música, pero la realidad superó lo que había soñado.” Con una sonrisa que le cuesta abandonar, Axel hace de guía en la construcción que, en el fondo de su casa de Adrogué, aún conserva algo del aroma de lo recién estrenado.
El lugar que el cantante, de 37 años, eligió para grabar, con su propia banda, su nuevo álbum, Tus Ojos Mis Ojos, y donde ahora invita a compartir unas pizzas, en compañía de su manager y de sus hijas Agueda -sin rastro alguno del mal trance que en el verano el Síndrome de Kawasaki le hizo pasar a la familia en pleno- y Aurelia.
“Soy de acá. Nací en Rafael Calzada, en mi casa, porque mi mamá no llegaba al hospital; y cuando regresé de México, en 2003, volví al barrio”, cuenta.
“México”, dice. Ahí había ido a parar tres años antes con dos discos editados, para tocar en la estación de subte San Antonio Abad. “Por lo menos era una estación abierta y podía ver la luz del día”, recuerda.
La misma luz que dice que empezó a ver cuando Amo se convirtió en la llave de un presente que disfruta con los pies bien plantados sobre la tierra.
“Mi caso no es el del artista que cuenta que está más adentro de su casa, por el asedio de la gente. Yo salgo a caminar, y sé que la gente me para; es normal. No me genera pesadez. Al contrario, me encanta y agradezco que pase”, dice el cantante, que cada tanto se pasa unos días en su casa de Traslasierra, en Córdoba.
¿Te vas a buscar algo de paz?

No. La paz está en vos. Tenés que poder estar en paz en el Obelisco, en la Torre Eiffel, en medio de un maremoto o en Córdoba.
¿Siempre lo viste así, o haber logrado resolver tu día a día te dio esa posibilidad?

Sin duda eso te da tranquilidad. Cuando alquilaba en Mármol, dormía con el teléfono prendido por si surgía un show o un trabajo. Hasta que un día me pregunte qué estaba haciendo. No descansaba y no trabajaba. Ahora ya no le doy tanta bola al celular. Lo uso lo justo y necesario, para conectar por Twitter con el público, con el que siempre tuve un lazo muy cercano.
Sin embargo, a pesar de haber estado en un programa de televisión, lograste mantener tu vida privada en privado.

Sí. Es una línea que no se cruza. Creo que si generás la imagen de que sos inalcanzable, te subís al pedestal, y te creés una super celebrity , hacés que la gente se desespere por llegar y tocarte. Aunque eso no tenga que ver con el éxito, porque para que la gente te vaya a ver le tiene que gustar tu canción. Pero en mi caso, la gente entendió que sigo siendo un pibe de barrio, y les resulta normal verme en la calle. Entonces, no se produce esa desesperación. Por eso mismo, también el público fue mutando.
¿En qué dirección?

Al principio, el 90 o 95 por ciento del público era femenino, de entre 13 y 23 años. Hoy en día si vas a un recital, esas chicas están, pero también van los padres, hay chicos más pequeños, y muchos varones, que sin ser seguidores míos, encontraron en mi música algo que les gusta.
¿Te costó mantener ese límite? ¿Nunca te propusieron convertirte en un personaje mediático?

Sí. Eso ocurrió.
¿Y qué pasó?

Nada. En muchos aspectos de mi vida soy incorruptible. Cuando estaba en México sin un mango, y cuando muchos me veían como en la lona, no era menos feliz que ahora. Ahora lo soy un poco más; no por la casa de Córdoba o por el estudio, sino porque llegaron mis hijas, que le dieron otra luz a mi vida. Pero en aquel momento, un tipo me dijo que los solistas ya “no pegaban” y me ofreció que armara una banda. “Eso pega mejor”, me dijo. Y dije que no, como cuando me ofrecieron posar para las tapas de los libros de novelas de amor norteamericanas. Se pagaba fortuna, pero yo no era eso. Yo nací músico.
¿No se te planteó una contradicción similar cuando te propusieron usar “Amo” para vender jabón de lavar la ropa?

Sí. Dije que ni loco iba a poner una de mis mejores obras hasta ese momento en una publicidad.
¿Qué pasó, entonces?

Que cuando lo comenté en una comida familiar, y mencioné la marca, una tía dijo: “Es el que uso yo”. Y me empezó a insistir con que la hiciera. Y yo, que estoy atento a las señales que recibo, me dije que quizás sería bueno seguir la suya. Y en su momento fue positivo, porque al aparecer en medio de cualquier programa, se metía en las casas de todos.
También fue tomada en broma.

Sí. Pero cuando la hicieron los Midachi, yo, que me río de mí mismo, fui a compartir el sketch con ellos. Y me encantó. No reniego de nada de lo que he hecho, porque todo eso me fue conduciendo a lo que vivo hoy.
¿Te condiciona esa vocación de conectar con la gente a la hora de componer?

No, en absoluto. Creo que la gente espera que siga siendo genuino. Y yo muestro lo que hay. Soy totalmente transparente. Cuando hago una canción, primero la hago para mí. Después, por mi carrera, la comparto con muchísima gente. Si no me gusta, la saco del medio y busco otra cosa. Yo siempre estoy componiendo, creando cosas. Para Mis Ojos Tus Ojos tenía como 40 canciones. Al final, quedan las que más me gustan. Siempre encuentro lo bueno en lo malo.
¿No te cansa ser siempre el chico bueno de la película?

No. Es mi forma de ser. No me siento tan bueno como la gente a veces cree que soy. Tengo una ambición sana, y también mis desequilibrios, como cualquiera. Nunca busqué quedar bien con nadie ni crear un personaje. Soy como soy; ayudo cuando puedo, y cuando no puedo, no lo hago. Estoy atento a lo que les pasa a los de al lado, porque la vida me da una tranquilidad que me lo permite. Hay quienes quisieran hacerlo y no pueden.
¿Te llevás bien con la cuestión política?

Me pasa algo muy curioso, quizás porque en algún punto sigo siendo muy inocente e ingenuo. Siento que hay un cariño político-diplomático de todas las ramas políticas, por eso de que “Axel es un buen pibe”. “Le canta a la vida. No me puedo enojar con él”, deben pensar. De mi parte, no creo en las posiciones absolutas. Me parece una estupidez que divide. Es tonto. Nunca es blanco o negro. Siempre hay algo del otro que te simpatiza, y al revés. Y si alguien usa mis canciones, si transmiten mi mensaje, no me importa. Siempre y cuando lo hagan con la conciencia de que tienen que cumplir. Porque si viene una chica, en un jardín de infantes, les canta Celebra la vida, y viene con cara de orto -perdón, con cara larga-, ¿de qué me estás hablando? Tenés que predicar con el ejemplo.
fuente: clarin.com 

Por Eduardo Slusarczuk