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sábado, 15 de marzo de 2014

"MIRTHA LEGRAND".“Me felicito por estar grande y hacer lo que hago” Vuelve mañana, después de 34 años, con sus almuerzos a El Trece. Lo que le gusta de sí, lo que se critica y la tristeza por la muerte de Jorge Ibáñez.

Alma de anfitriona. En su programa o en su casa, ella parece haber nacido para ese rol. Apenas la charla va llegando a su fin (primero en el living y luego en el escritorio construido especialmente por Daniel Tinayre), la entrevistada cambia los roles y empieza a preguntar: ¿dónde nació?, ¿en qué barrio vive?, ¿en qué calle?, ¿está casada?, ¿tiene hijos?
La diva inquisidora no puede con su genio. A punto de volver a la pantalla con su clásicoAlmorzando con Mirtha Legrand (domingos a las 13.30), esta vez, la alegría es doble ya que la diva estará nuevamente en El Trece después de 34 años. “Estoy feliz de volver y quiero aclarar que con la gente de América todo está en buenos términos. Pasé nueve años allí y a pesar de que mi salida fue un poco conflictiva, yo trabajé muy a gusto y sobre todo, quiero mucho al personal“, aclara ante algunos resquemores por sus comentarios sobre el pase.
Puntualísima y enfundada en una camisola y un pantalón de un verde impactante y con uno de sus pañuelos de seda de Hermes (parte de su colección de 150), Mirtha va al grano. Parece tener la clave para la vitalidad eterna: nunca dejar de estar activa (“Ayer recibí el premio Flor de Mujer que entrega la Fundación Rossi; también participé de un encuentro en la Embajada de Francia porque soy la madrina de un ciclo de cine francés. Hoy tuve masajista, ahora usted, después tengo turno con el dentista y luego, la prueba de vestuario”) y no dejar descansar nunca la cabeza: “Siempre leo dos o tres libros a la vez y no me quedo tranquila hasta que no completo la “Claringrilla” cada mañana”. No para. “Esta es una reaparición muy importante para mí. Ya ni me acuerdo cuando me fui de El Trece, pasó de todo en el medio. Estoy muy esperanzada y con alegría. Está bueno cambiar un poco, imagino que el público va a ser algo distinto. Pero por lo demás, no va a haber grandes cambios en un programa donde recibís invitados. Yo improviso mucho en el aire. Lo que sí quiero es incluir más musicales al final, que me gustan mucho, e invitar más deportistas. Estoy con mucho, mucho, mucho entusiasmo”.
¿El trabajo sigue siendo muy importante a esta altura de la vida?

Para mí, trabajar es fundamental para la salud física y mental. Yo vuelvo a casa después de hacer un programa y, si me salió bien, voy con la satisfacción del deber cumplido. Yo misma me felicito por estar grande y seguir haciendo lo que hago con entusiasmo y energía, por tener salud física y mental que es lo más importante. Si no, no podría porque es muy demandante.
¿Es de tener muchas rutinas para mantener el ritmo?

No, no soy muy disciplinada. Yo hago lo que me da placer. Veo mucha televisión, leo todos los diarios. Eso sí, me cuido físicamente porque mi cerebro, mi mente, mi cuerpo, mi alma están puestos en esto. Y quiero que mis programas sean un éxito.
La señora también se prepara para las críticas y los invitados más complicados. “Son los riesgos de hacer tele en vivo, no todo es un lecho de rosas. Hay que estar con la mente alerta. Pero lo más agresivo estuvo fuera del programa como las agresiones gratuitas de parte de Federico Luppi (N.de la R: l a llamó hija de puta ). Le había iniciado una acción judicial pero al final desistí porque no tenía ganas de ir a declarar a Tribunales y gastar mi tiempo en eso. No vale la pena. El siempre fue encantador conmigo cada vez que venía al programa, no sé qué lo hizo cambiar así. Igual, en todos estos años coseché más amigos que enemigos. Siempre que voy a alguna fiesta, me cruzo con alguien que estuvo en el programa. Y si no acuerdo del nombre, me acuerdo siempre de lo que hablaron. Algunas veces hubo algunos chisporroteos porque indago mucho, soy incisiva. La gente nunca quiere hablar de su vida sentimental, cada vez menos. No sé porqué.
Y eso que la vida privada, cada vez, es más pública.

Sí, pero no quieren hablar. Les preguntás y te dicen: “Estoy bien”. No sé si será por pudor. Eso cuesta trabajo a la hora de entrevistar. En cambio, las peleas y discusiones, rinden. Pero a veces toman un grado exagerado, es tremendo. Yo me pregunto ¿qué buscarán contando tantas intimidades?
¿Siente la necesidad de adaptarse de alguna manera a esos cambios de la televisión?

Yo creo que uno evoluciona sin darse cuenta. Las evoluciones se van dando, uno va abriendo su mente, se va haciendo más condescendiente. Yo sé que he evolucionado, pero no fue provocado. Supongo que los años también te van dando seguridad, ves la repercusión popular. A mí me interesa entretener, porque el aburrimiento es terrible, en la tele y en la vida también. Por eso siempre cuento anécdotas en el programa o en reuniones con amigos.
¿No le hubiera gustado seguir siendo actriz? ¿Trabajar en Hollywood, por ejemplo?

No. Primero, yo no hablo inglés y eso ya es una barrera. Y además, a mí siempre me gustó trabajar y triunfar en mi país. A mí me gusta ser profeta en mi tierra. Además, Daniel (Tinayre) me dirigía en las últimas películas y yo me sentía cómoda y cuidada y no podría explicarle a otro director cómo soy, cómo me siento. Igualmente me gustó hacer La Dueña, pero estoy tomada por la conducción. Si apareciera un protagónico que me gustara mucho en televisión, lo haría encantada. Pero por sobre todo, yo sigo amando más que nada al cine. Yo soy un producto cinematográfico. Hay directores jóvenes maravillosos, tal vez con alguno me animaría a hacer algo. Y en mi programa me encantaría tener a (Marcelo) Tinelli y Susana (Giménez) juntos, sería una bomba.
Su casa está poblada de fotos de la familia. El escritorio y biblioteca, pintado de verde agua (“lo elegí yo y los pintores no encontraban el color hasta que les traje un vestido que tenía de ese tono y lo lograron”). El espacio fue reciclado por Tinayre, “que era casi arquitecto”. Desde el balcón se ve un parque en la vereda de enfrente. “Cuando me mudé acá pensé que iba a ir a sentarme a la plaza, a dar vueltas por el barrio, que es tan lindo, pero no lo hice nunca, porque cuando salgo siempre hay alguien que se acerca. Como ya soy grande, trato de buscar cosas que no me hagan daño. Veo algunos programas que se meten conmigo y ni saben quién soy, yo entiendo que uno no le puede gustar a todo el mundo pero de ahí a la agresión... No tengo nada de qué arrepentirme, me molesta cuando se meten con mi edad, ¿qué? ¿hay que morirse para que te quieran?
¿Va a escribir sus memorias alguna vez?

No creo, porque si las escribís, te morís. Y eso que tendría cosas para contar. Como cuando las actrices de la época votamos por primera vez cuando se otorgó el voto femenino, en 1952. Me acuerdo perfecto: fui con un tailleur gris y voté por Perón. Fue un acontecimiento histórico que salió por Sucesos argentinos.
Imaginemos que usted es Rosa María Juana, de Villa Cañás. ¿qué le criticaría, como público, a Mirtha Legrand?

Le admiraría su perseverancia porque “ella” podría no trabajar sin embargo, sigue. Es digno de elogio, por su amor a la vida y por su profesionalismo. Y le criticaría, a ver... y bueno, que no interrumpa más, por favor, porque “ella” sigue interrumpiendo y siempre quiere tener la razón. Eso sí, “ella” es muy argentina. fuente:clarin.com