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viernes, 31 de enero de 2014

El regreso del hijo pródigo Volvió a la plaza Próspero Molina, donde debutó en 1988. Y agotó localidades.

Aquel chiquito flaco y espigado que con sólo 14 años -allá por 1998- pidió permiso para debutar con Chacarera de un triste en la plaza Próspero Molina; el martes a la noche agotó todos los tickets y durante una hora exacta revolucionó la cuarta luna del Festival Nacional de Folclore de Cosquín.
Dieciséis años pasaron desde que Abel Pintos, con rulos y vestido todo de negro, llegó por primera vez a Cosquín hasta convertirse en el artista más taquillero de los festivales argentinos, incluso con el premio Gardel de Oro 2013 bajo el brazo, logrado gracias a su disco Sueño dorado.
Cuando exactamente a las 2.13 de la madrugada del miércoles sonaron los primeros acordes de A-Dio s -está en Abel, su última placa-, miles de flashes, suspiros y gritos le dieron la bienvenida a un coqueto Abel Pintos vestido con camisa blanca, saco sport negro y unos -para nada discretos- pantalones color coral que hicieron juego con un pañuelo y hasta los cordones de las botitas color beige.
No me olvides fue la segunda de las 15 canciones que hicieron vibrar, saltar y emocionar a las mujeres, principalmente a las miles de adolescentes, que coparon la plaza mayor del folclore latinoamericano.
“Muchas gracias, es un placer que disfruten y se diviertan como nosotros lo hacemos cantando para ustedes”, saludó a su público local y al que lo vio por tele; y arrancó conSin principio ni final.
“Les voy a presentar una canción de Abel, mi disco nuevo”, anunció con la guitarra colgada del cuello invitando a escuchar Ya estuve aquí, quizá recordando interiormente su paso por el escenario Atahualpa Yupanqui en 1998, 2006, y desde 2008 hasta el año pasado. “Vamos a bailar un poco” invitó, largó con el pegadizo Cuántas veces y la plaza Próspero Molina fue una inmensa pista de baile con nieve loca incluida.
Al ritmo de Bella flor, y moviéndose como un verdadero director de orquesta, Abel Pintos convirtió a la multitud de adentro y de afuera de la plaza en un gran coro.
Tu voz, el viejo hit de hace una década sigue vigente y la gente lo cantó completo, emocionando al bahiense: “Gracias por cantar así, cuando ustedes cantan así no queda nada”. Y largó con Aventura, deleitando a preadolescentes y mujeres ya entradas en años que le agradecieron con un sonoro “olé, olééé, Abel, Abeel”.
Cuando cantó Aquí te espero, al músico se le llenaron los ojos de lágrimas; pero ahí nomás comenzó con Tiempo, pero al final de la canción, con el público a capella haciéndola propia, sus ojos volvieron a brillarle; porque el ya sabía que era el principio del fin.
Minutos después de las 3, luciendo una remera negra; sin sus músicos y acompañado sólo por su guitarra, Abel volvió para los bises con Motivos. Antes aprovechó para pedir solidaridad con las víctimas del alud de El Rodeo en Catamarca; hizo un llamado contra “las drogas y la trata de personas” y le pidió que “Dios, la Virgen con su manto, el universo o en quienes ustedes crean, que en definitiva es la felicidad, nos protejan”.
El público, que presentía el final de la magia estalló en una ovación cuando, seductor y cómplice, nuevamente al frente de su poderosa banda, Abel Pintos le dijo: “Vamos a tocar una más, sabés que sí” y revolucionó el pie del cerro Pan de Azúcar con suRevolución

Por Gustavo Molina.  fuente:clarin.com