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jueves, 5 de diciembre de 2013

Franco de Vita: “El amor tiene que doler” Compositor e intérprete, es un abanderado de la canción romántica. Con disco nuevo, que trae duetos con Axel, Wisin y Gloria Trevi, el venezolano habla de su país, de Justin Bieber y de por qué le dice no a los realities.

Curso de gusanos mentales. Franco De Vita podría dar cátedra de lo que en alemán se dice “ohrwurm” y en inglés “earworm” (Gusano auditivo, sonido que parece escucharse incesante aún cuando no está sonando). Cuando su carrera aparenta apagarse, el venezolano da el golpe y confecciona el hit que lo retorna al podio y que se enrosca como bichito en las mentes de los otros hasta sonar con la radio apagada. “Siempre tengo la cancioncita justa que me ha ayudado a volver a entrar. Me canso, pero hay algo superior que me empuja. Por la canción he luchado toda la vida. Es como el señor que tiene negocio de venta de no sé qué cosa. Luchó toda la vida y por más viejo que esté, ¿cómo van a pedirle que cierre el negocio? Con la música pasa como con el amor ahora. Tienes tanta oferta con apretar un botón que ya no le das el valor de cuando sólo había 20 artistas y comprabas el disco. Así como obtienes, lo desechas. Yo intento mantenerme, tengo el caballo justo con el que saltar”.
Con gafas que al sol alteran su color hasta volver sus cristales pistacho, el jinete de hits propios -y de los cantados por ajenos- cabalga con nuevo corcel, el álbum Franco de Vita vuelve en primera fila, un doble de CD más DVD que es la continuación deFranco De Vita En Primera Fila, el disco de 2011 por el que el hombre se llevó dos Grammy Latinos. Anda jubiloso por los pasillos de la discográfica, como quien sabe que ha contribuido a buena tajada del pastel. Sus espejos pistacho camuflan la ternura que le provoca ese par de ojos de dragón fatigado que perfora la pared: los ojos de Gustavo Cerati.
En enero llegará a las seis décadas y en YouTube pueblan las joyas retro que lo devuelven con la piel estirada, el pantalón hasta encima del ombligo y los decorados con sábanas al viento.
Sólo me importas tú se escucha mientras Jeannete Rodríguez y Carlos Mata se besan al son de su poesía, casi 30 años atrás. Hoy Franco se relame por algo más que los 25 millones de discos vendidos en su historia y las telenovelas que ha musicalizado: “No todo el mundo puede decir que ha estado en tantas bodas como yo”.
Canta y presta. Le dio letras a Chayanne, a Ricky Martin, a Ana Belén, a Luis Fonsi y sigue componiendo en serie montado a su rocinante de acero, “el carro”, recinto más prolífico que su piano: “Mi carro es todo. Pocos saben que es allí donde mejor escucho mis mezclas, compongo, hago descubrimientos musicales y siento la máxima libertad”.
En un recuento veloz para desconocedores: De Vita es el de Cálido y fríoSi la ves,Tan sólo tú (la canción con la que se mandan mensajes de amor Wanda Nara y Mauro Icardi), A medio vivir y tantos otros que cedió y los demás popularizaron. Abanderado de la prosa sin vueltas, dice que la sencillez le reclama tiempo. Basta el ejemplo deVuelve, el tema del que Ricky Martin se adueñó. “¡Hay canciones con las que he peleado 15 años!
Vuelve no salía, no salía. Un día Ricky me llama y me dice que necesita una canción y yo retomo esa vieja melodía rebelde, empiezo a trabajar el texto y nace. Hay que confiar en la canción aunque cueste. Hay cosas que tienen su tiempo y tienes que respetar el tiempo y punto. Como el amor, que tiene su tiempo y va cambiando”.
El amor lo va cambiando, pero no a su filosofía de mantener bajo llave las identidades de sus parejas. Siempre deja un halo de enigma. Resignó la idea “de una familia tradicional”, pero se conforma: “He tenido grandes amantes en la vida. A mi edad la teoría es la misma de siempre. Cuando te enamoras tienes la misma mirada de idiota de cuando tenías 18 años, luego te vuelves más racional sobre el hecho, pero vuelves a enamorarte y el sentimiento es ingenuo al principio siempre. Cuando toca el amor no hay coraza posible. Yo evito los escudos y las paredes. Me encargo de tumbar todo para que el amor tenga fácil acceso. Y me gusta sufrir por amor”.
¿Por masoquismo o porque en cierta forma eso alimenta tu obra musical y la hace prolífica?

Más bien porque tiene que haber una dosis, un punto de sufrimiento en el amor. Porque sino no es amor.
¿Seguro?

El amor tiene que tener ese punto. El amor tiene que doler, aunque no el otro lastimarnos. Duele porque en el amor ocurren cosas que probablemente el otro no sabe que están ocurriendo. Tú mismo estás imaginando cosas, tu mismo estás sufriendo imaginando fantasmas.
Semejante nombre porta aunque lo simplifique: Franco Atilio De Vita De Vito. “Vida de un lado y del otro de mis padres y yo en el medio pa’ combatir en esta vida”, se ríe. Es relajado en el andar y en el decir, aunque de a instantes sube el tono y sorprende al grabador con la partitura versátil de su voz. ¡Ese Justin Bieber está muy mal asesorado! Si no le ponen el límite, va a terminar mal”, se indigna al enterarse del comportamiento del “chaval”, quien a su paso por la Argentina usó la bandera argentina como lampazo y se retiró temprano de su propio recital. “Es lamentable, porque tiene muchísimo talento. Esas cosas, afortunadamente, a mí no me han pasado porque todo esto me tocó tarde. Tenía 29 años y ya sabía de qué se trataba toda la historia. De cómo te usan para vender ¡Yo no era un tontillo!”.
Aunque se quite las gafas de camaleón, no hay forma de que Franco vea con mayor claridad de cara al futuro. “Para adelante lo veo todo un poco más oscuro. Sobretodo en el mundo en el que estoy, que es un mundo pop, de música ligera. En este mundo, más que en el clásico, tienes que exponerte mucho, algo que nunca me pareció del todo bien. Me gustan los escenarios y cantar, pero la televisión es lo que manda y te obligan a ser juez de reality y esto y lo otro. ¡Y no! Yo no arranqué en esto por un reality”, agita las manos y las venas anchas le cruzan el brazo como oceános azul furioso. Sangre italiana, al fin de cuenta. “Yo no quiero hacer eso en mi vida. Reality, jurados, escándalos, eso sí que no. Seguiré luchando por la música puramente y para que esta vida tenga sentido y los que llegan puedan disfrutar de un buen mundo, no una mierda de mundo destruido. No quiero dejar cenizas. Cenizas, no”. fuente:clarin.com 

Por Marina Zucchi