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domingo, 4 de agosto de 2013

Mirtha Legrand: “Yo creía que los almuerzos no volvían más” Después de dos años y medio, hoy regresa con su clásico, “Almorzando con Mirtha Legrand”, por América. Trabajará los domingos por primera vez. Aquí habla de su vuelta, del Martín Fierro, del Papa, de la Presidenta, de todo.

Si uno llega a su departamento, en Palermo, y no sabe que ella es ‘la dueña’ , no tardará mucho en descubrirlo. Primera pista, la alfombra del palier, con su MLDT sellado a fuego. Luego, ya adentro, la elegancia en los detalles, las fotos de toda su vida -en una mesa, por caso, hay 24 portarretratos juntos-, sus iniciales en una caja que brilla, su exquisito perfume que llega unos segundos antes que ella. Y ya en el mano a mano, la ceremonia del té ofrece susML en dorado grabadas en las tazas y la cuchara del Racing Club de sus amores para servir el azúcar. Mirtha Legrand, quién otra, genio y figura, está de regreso... sin haberse ido.
Y, a dos años y medio de su última comida televisada, decidió volver hoy con su clásico,Almorzando con Mirtha Legrand (a las 13, por América), que este año saldrá una vez por semana. Y los domingos. “¿Querés que te confiese una cosa? Yo creía que los almuerzos no volvían más. Y mirá vos, aquí me tenés, con muchos sentimientos juntos. Tengo alegría, un poco de ansiedad y algo, no sé, algo como angustia. Ya cuando vivía Daniel (Tinayre, su marido) y tomábamos vacaciones hasta marzo, la noche anterior a volver a la televisión decía ‘Ay, Daniel, no me acuerdo de nada, no sé si voy a poder hacer el programa’ . El me tranquilizaba: ‘Chiquita, por favor, vos entrás y ya te acordás de todo’ . Lo que siento, igual, es muy lindo. Pero el miedo está. Por eso siempre le digo a Susana (Giménez) que no hay que parar, que los años sabáticos no sirven para nada. Lo cierto es que quiero empezar ya”, reconoce la anfitriona, en su escritorio, entre masitas y una esponjosa torta de vainilla que preparó su incondicional Elvira.
Con producción de Endemol -y su nieto, Nacho Viale, en cada decisión y en cada contención-, el ciclo abrirá hoy su 43 a temporada, con Enrique Pinti, Juan José Campanella, Florencia Peña y Santiago del Moro a la mesa.
¿Esta vuelta es como una revancha?

No, la tomo como que el programa necesitó su tiempo. Yo quería volver, pero ni a El Trece ni a Telefe les interesaban los almuerzos.
Ni a América.

Ni a América. Pero ahí el error fue mío, cuando, terminando el programa desde Mar del Plata, en 2011, le dije a Mario Cella, el entonces Director de Contenidos, “disponga de mi horario”. Tenía que renovar mi contrato, no sabía bien qué hacer, se me ocurrió decir eso y después lo tomó (Jorge) Rial. Y si yo fuera gerente de un canal tampoco movería a Rial.
¿Si fuera gerente de un canal no movería a Rial por Mirtha Legrand?

No, de ninguna manera. Con el rating que está dando Intrusos no lo tocaría ni loca.
En su casa, Mirtha es como en la televisión. Espontánea. Conversadora. Atenta a lo que ocurre alrededor: “A mí me gusta estar en todo y saber de todo. Soy una mujer actualizada, me hace bien estar informada, saber qué pasa en mi país y en el mundo. Yo no soy de los que dicen que leen el diario y lo miran por arriba. Yo leo todo el diario, de punta a punta… hasta Quiebras y convocatorias ”.
¿Los fúnebres también?

¿Las cruces? Claro. No es que sea necrófila, pero por ahí encuentro que alguien ha muerto y me gusta mandar una tarjeta o llamar a sus familiares o poner un aviso. El otro día saqué uno, que escribí yo, por Duilio Marzio (el actor que murió el jueves de la semana pasada). Era un hombre muy querido. Se ha muerto un gran señor, eso puse en el texto. La de su muerte fue una noticia muy triste.
Su escritorio, un luminoso ambiente de su amplio departamento, tiene las paredes forradas de libros. Y en la mesa, su computadora portátil. “La uso bastante. No sé mandar mails, pero los recibo, leo los portales de los diarios y todos los de espectáculos -los enumera y la lista alcanza 17 sitios-, pero necesitaría un instructor. Un día vino uno y me empezó a hablar de su vida, me contó que su mujer se fue con el profesor de tenis… porque viste que a mí me gusta charlar y, bueno, no avanzamos demasiado”, admite, mientras la abre y muestra su manejo, bastante ágil por cierto.
¿Y tiene Twitter?

No, querida, ya esto -con las manos en el teclado-, a esta altura, es demasiado. Y reconozco que soy adicta: me levanto a las 4 ó 5 de la mañana, en camisón, me pongo un echarpe , vengo para acá, prendo la luz, repaso las noticias y luego me vuelvo a acostar. A la mañana vengo y ya miro los ratings. A mí me encanta la noche, qué notable, ¿no?, porque también me gusta mucho el sol, pero lo nocturno ejerce una fascinación muy grande sobre mí. Soy feliz saliendo, soy muy amiguera, armo las salidas yo, planifico si hay que mandar a buscar a alguien, yo arreglo todo.
¿Siempre tiene compañía?

Tengo amigos muy fieles. Hago una vida muy agradable, paso mucho tiempo con Nacho, voy a la casa de Marcela (Tinayre, su hija) a tomar el té o viene ella para acá, pero de cualquier manera nos vemos todos los días. Bueno, ahora extraño mucho a Juanita (su nieta), que está en Chile. Hablo con ella muy seguido.
¿Le gusta como actriz?

Sí, mucho. En Malparida estaba muy bien, pero en Solamente vos trabajó bárbaro, debe haber sorprendido a más de uno. Estaba muy graciosa (interpretó por unos capítulos a una abogada atrevida). Siempre le digo a (Adrián) Suar: ‘Vos tenés que hacerMujer bonita con ella’ . No sabés cómo baila y cómo imita. Es muy histriónica. La verdad, qué querés que te diga, tengo una familia fabulosa, somos muy unidos.
A lo largo de más de dos horas de charla, en un atardecer invernal muy cálido, la agenda abierta permite ir del robo de su auto (la semana pasada, que finalmente apareció en Quintana y Montevideo: “Parece que se trata de una banda de niños bien, que los fines de semana se dedican a robar autos de alta gama”), a los recuerdos de su infancia, pasando por un tópico favorito de sus entrevistas, sus dos hermanos.
“Goldie -su melliza, también actriz-, Josecito -Martínez Suárez, director- y yo estamos en contacto permanentemente. Hablo con ellos, aunque te extrañe, cuatro o cinco veces por día. Mi hermana se preocupa mucho por mí, por lo que dicen de mí, por mi trabajo. A Josecito no le gusta hablar de trabajo. Entre los tres evocamos mucho la infancia”.
Ahora va a trabajar, pero, de chica, ¿qué hacía los domingos?

Ibamos a misa, almorzábamos en familia y salíamos a pasear en auto. Y eso me quedó para siempre, porque nada me gusta más que pasear en auto. Si voy a comer afuera con alguien, después trato de dar una vueltita por ahí.
Los recuerdos la llevaron a la primera infancia en su Villa Cañás natal y a sus tiempos en La Paternal: “Alguna vez fui con mis hermanos a las casas donde habíamos vivido aquí, al colegio Provincia de Mendoza… Hay que recordar, hay que volver a los orígenes, eso es muy importante para no desviarse del camino. Y cuando veo hasta dónde llegamos los tres, pienso que mi madre ha tenido un lugar determinante. Nos ha hecho estudiar de todo. Yo hice danza clásica, danzas españolas, zapateo americano, piano, canto, recitado y declamación. Hemos tenido una madre severa y maravillosa”.
Por ahora tiene forma de asignatura pendiente “un almuerzo con Goldie y Josecito... yo quiero y se los ruego”, comparte la mujer que siente que la TV de ahora “está descarnada. Antes, cuando yo era jovencita, el dueño de Radiolandia, que era don Julio Korn, decía ‘Yo no destruyo estrellas, porque son quienes alimentan mis revistas’ . Y hoy en día, fijate, hay medios que están feroces”.
La protagonista de La dueña-el unitario que realizó el año pasado y que mañana va por cuatro Martín Fierro (ver Palpitando…) admite que “me hubiera gustado hacer un La dueña 2, pero ya me dijeron que no. No importa, porque ahora vuelvo con mi querido programa. Este año, yo le quiero rendir un homenaje a los ‘almuerzos’ , haciendo lo que hacía siempre, menos la vueltita, porque ya estoy muy grande. Pero voy a seguir con eso de ‘Como te ven te tratan, si te ven mal te maltratan’ o ‘Lo que no es puede llegar a ser’ . Yo necesito hacerle ese tributo”.
Prepara la vuelta, propone nombres de invitados, piensa en el vestuario de cada domingo, sueña con darse algunos gustos. Y otros, que jamás soñó, los celebra. Entonces abre una caja, amaga con mostrar el texto que le escribió el Sumo Pontífice (ver Cinco figuras…), recuerda que le prometió a su producción que lo leería recién hoy en su programa, lo guarda y, suelta de cuerpo, se sincera: “Después de recibir una carta del Papa me podría retirar tranquila”. Pero, con carta y todo, hoy Mirtha Legrand está de regreso. fuente:clarin.com