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jueves, 11 de julio de 2013

“Soñando por cantar”: las voces argentinas El programa de El Trece lleva recorrido casi todo el país en busca de talentos musicales. Cada destino es un universo distinto. Intimidades de la producción, las cábalas, los nervios de los participantes.

Bailarinas, técnicos, maquilladores, sandwichitos, participantes, más bailarinas, más sandwichitos, cables, cámaras, productores, más participantes, todos envueltos en un gran nube de tonadas provincianas y adrenalina previa a la grabación de uno de los envíos de Soñando por cantar (sábados a las 22, por El Trece). Esta vez, el aterrizaje fue en Rosario, donde los pasillos del anfiteatro que alberga el City Center de la ciudad hierven de gente tan ansiosa como la que atiborra las mesas de ruleta del casino a toda hora.
Pero no siempre hay tanta infraestructura para recibir al programa itinerante. El ciclo rodó por otros lugares, más remotos, en los cuales los camarines se improvisaron en el club o la plaza del pueblo.
Y esto es así desde que la producción de Ideas del Sur viene recorriendo la geografía argentina de norte a sur, desde hace un año y medio. Con un camión de técnica y otro que transporta escenografía y más equipos, el grupo se traslada como un circo trashumante por todo el país: ya llevan recorridos casi 80 mil kilómetros en busca de talentos musicales. “Cada vez que llegamos a una ciudad, vamos a la iglesia y después jugamos al fútbol. Son nuestras dos cábalas”, cuenta Pablo “Chato” Prada, uno de los productores a cargo de la gran movida. Mientras camina entre los camarines y el escenario dando indicaciones, algunos participantes le piden una foto.
Si de cábalas se trata, uno que se aferra a ellas es el conductor del ciclo, Mariano Iúdica. En su camarín se acumulan varios pares de zapatos bicolor, un par de trajes made in Iúdica, además de una Virgen de Luján, una de la Medalla Milagrosa, el llavero del auto que fue de su papá, una estampita de San Expedito, una foto del Papa Francisco, un dibujo hecho por su hijo Salvador, varias esencias “de animales” en goteros (“ como las que usan los deportistas de alto rendimiento ”, aclara), enjuague bucal y spray para el pelo. “Los viajes son el leit motiv del ciclo, lo que lo hace distinto a otros. Nosotros vamos a buscar a la gente y la ponemos en otra realidad, en un lugar de artistas por su talento. Este es un programa muy caminado, en ese sentido, y eso también implica una responsabilidad nuestra hacia los participantes”.
Los músicos que integran el jurado están acostumbrados a viajar. Pero en este caso, no son ellos los que suben al escenario a brindar un show. Las chicas adquirieron el hábito de cambiarse, peinarse y maquillarse a un ritmo acelerado, gracias a la colaboración indispensable de sus asistentes. Valeria Lynch y Patricia Sosa comparten el camarín donde abundan las flores, las gaseosas y los saladitos (intactos). “Dos horas antes de grabar, me ducho y enseguida estoy lista para maquillarme y peinarme con la ayuda de Bruno y Leo que me conocen hace años”, asegura Lynch, que siempre lleva dos opciones de vestuario listas. “Acá la diferencia es que se trata de un trabajo de equipo. Compartimos tantas horas en los viajes que ya somos como familia”. Pero precisamente, la familia propia es la que se extraña. “Mis hijos ya están grandes pero ahora la que queda en casa es Tais, la hija de mi marido, que tiene 11 años y a la que yo adoro; es mi hija del alma. Nos turnamos para que siempre esté uno con ella”, cuenta Valeria que habla mientras sus asistentes le retocan el peinado y el vestuario hasta último momento.
Los que extrañan menos son Patricia Sosa y Oscar Mediavilla, eterna pareja en la vida y en el trabajo. Después de unos días de descanso en Córdoba, la cantante y el productor llegaron a Rosario. El estuvo listo en pocos minutos; ella tuvo que superar un percance con el escote del vestido. “Es tan moderno que casi se queda en bolas”, dice Mediavilla, que es el más bromista del grupo. Mientras habla por teléfono, conversa con los productores en su camarín sobre los últimos detalles antes de salir al aire. Cuando Patricia está lista, le regala una rosa a su mujer. Ella agradece con un beso antes de salir casi corriendo por el pasillo hacia el escenario. “¿Ves? Llevamos tantos años juntos que ya casi ni me registra”, advierte él.
En la otra punta, Alejandro Lerner termina de prepararse en su camarín y sale, con ritmo pausado, a ver qué le depara la jornada. Detrás del escenario, a velocidad frenética, las bailarinas del staff se ajustan sus mínimos y brillantes atuendos, se dejan peinar bajo el calor infernal de los secadores y picotean algún bocado previo a la grabación. Lerner se cruza con varios participantes a quienes les gana el fan y le piden sacarse una foto con él. Marta, una cordobesa que va a entonar A mi manera un rato más tarde frente a cámaras, le recuerda los consejos que él le dio hace unos meses antes de ser una de las 333 finalistas del programa. Lerner la saluda con cariño y después cuenta que, entre viaje y viaje, prepara su primer musical como productor y actor para estrenar en septiembre.
Mientras, desde el escenario, uno de los productores pasa lista a los gritos, tratando de organizar el caos, y algunos de los participantes buscan concentración en medio del tumulto. Una mujer y su hijito le dan un beso y le desean suerte a uno de los cantantes que probará suerte después. Ellos se van a instalar en la platea y él se queda del lado de los nervios y la euforia previa al show.
Afuera, en la calle, un camión gigantesco como un elefante blanco alberga toda la técnica necesaria para grabar y, en otros casos, transmitir en vivo, los programas cuando el ciclo está rodando por las rutas argentinas.
“Este camión y el que trae los decorados siempre llegan unos días antes al lugar desde donde hacemos Soñando...Se instala todo, y después se ensaya con los participantes, se arman las coreografías, se hacen las pruebas de sonido”, explica Federico Hoppe, otro de los productores históricos de Ideas del Sur. “Es toda una logística que se despliega en cada ciudad a la que vamos”. Esa logística incluye un equipo de 150 personas que se traslada a lo largo de todo el país para hacer el trabajo detrás de cámaras.
Todo para que, en cada programa, se elija a un único ganador. Los que van quedando seleccionados participarán en una final en vivo en la que, además del jurado, será el público el que vote por teléfono para consagrar a un único gran elegido. fuente: clarin.com

Por Sandra Commisso