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sábado, 27 de julio de 2013

En busca de la psicodelia propia La banda formoseña habla sobre las claves de su segundo álbum: sonidos telúricos y rock para el nuevo milenio. ¿”Folc-rock”?

El cielo de Formosa se tensa de nubes y aquí dentro se condensan vibraciones y colores con espesor de rock y suavidad de folclore: territorios en cruce. En pleno centro capitalino, en La Casona de las calles España y Trinidad González, el quinteto Guauchos pasa más de doce horas por día cerrando los nuevos arreglos y misterios sonoros de su segundo disco, Pago, de cara a su presentación, primero mapa abajo, y el 23 de agosto en Uniclub (Guardia Vieja 3360), Buenos Aires. Un viaje de 11 canciones con distorsión de rock folclórico y letras densas, pero esperanzadoras: alegorías de las memorias compartidas. “En esta casa tan antigua logramos armar nuestra sala. Tiene una mística muy fuerte y pasamos el día entero todos juntos”.
Lo percibe el baterista de Guauchos, Juan Manuel Ramírez: observa los muebles, los cuadros, la decoración bien años 80. Entre el living y en la amplia cocina, el grupo apresta el mate en un alto del laboratorio creativo. “Cuando empezamos, tocábamos en lugares de rock y nos costaba mucho, siendo una banda de folclore. Lo mismo nos pasaba en los festivales”, enmarca Ramírez. Por eso el nombre del disco, Pago: “Por la defensa del pago donde nacimos, y por la lucha por el monetario”.
Pero aclara Lucas Caballero, guitarrista: “Para nosotros esto no es un negocio ni mucho menos. Las bandas que nos sorprenden son las que rompen moldes”. Es lo que buscaron con las canciones de Pago, que corroboran y profundizan su pulso telúrico y psicodélico en aires de chacarera, chamamé power -y otros más insinuados-, junto al pop en la voz principal y la poética de Federico Baldus. Él es alto y, como los demás, de pelo largo negro y barba: se manda al kiosco a comprar puchos y prosigue Lucas Caballero (Albano, su hermano, es el bajista; Juan Manuel Castellani, el violero rítmico): “Buscamos un sonido que atraviese las escenas del rock y el folclore. Queremos caminar ambos senderos naturalmente”.
Desde otra sala reverberan unas bases sincopadas y las pruebas de efectos de unas guitarras. Caballero analiza: “Pago es más concreto en la búsqueda rítmica. La banda se puso más concisa”. Ese mismo plano acentuó Mariano Bilinkis en la producción y mezclas: “Nos seduce tocar ritmos en 6 x 8, entreverados con pedales de guitarra y el pop que canta Federico”.
En Pago, las potencias de tierra y urbanidad se ven hasta en los invitados: Sebastián Schachtel (teclados), Marina Fages (voz), Chacho Ruiz Guiñazú (percusión), Lucas Monzón (acordeón), Matías Romero (violín), entre otros. Y los referenciales de otro pago: Horacio Banegas (padre) y su hijo “el Mono”. “Cada uno vino y aportó a sí mismo”.
Fin del mate en La Casona. Es hora de ajustar la puesta audiovisual de los shows de estreno de Pago: un calidoscopio eléctrico y vivencial. “Cuando éramos más chicos -evoca Ramírez- queríamos ir a Buenos Aires para hacer la escuelita del rock; luego nos dimos cuenta de que una de las cosas más importantes que tenemos es ser de Formosa. Tenemos nuestra forma de ser, nuestra psicodelia local. Los Guauchos nos nutrimos de esas fuentes y les echamos nuestra leña”. fuente:clarin.com