ESTAS ESCUCHANDO REYNAZUL...TU RADIO AMIGA.

lunes, 25 de marzo de 2013

El rock semilla de Andrea Echeverri En plan solista, la cantante de Aterciopelados presentó su flamante disco “Ruiseñora” en El Vecinal, el festival de Kevin Johansen.


Con el pelo corto, tal como la conocimos vía MTV en los primeros 90’s, pero sin pintárselo; dejando que las canas ocupen su lugar. Es la forma de belleza de Andrea Echeverri, que resume su mensaje, artístico y militante, en el apretón de manos con el que saluda. Entre el pulgar y el índice de la mano derecha de la cantante de Aterciopelados está tatuado el símbolo femenino, ese circulito con una cruz como antena. Así funciona su creatividad: lo que vibra a su alrededor lo capta hasta transformarlo en canción. Siempre se consideró feminista (“aunque no de las combativas”, aclara) y ahora profundiza su convicción enRuiseñora, su tercer disco solista, de fines de 2012. “Es mi liberación femenina después de trabajar por más de veinte años con Héctor (Buitrago, la otra mitad creativa de Aterciopelados). Empecé a querer tener el control de mi música, hacerla a mi ritmo sin preguntarle a nadie. Este disco y mi anterior, Dos (2010), los hice enteramente solita”, explica Andrea.
Lo presentó en Buenos Aires el pasado viernes por la noche, en el patio de CC Konex, dentro de El Vecinal: festival encabezado por Kevin Johansen en donde hay lugar escénico y unión entre variados artistas latinoamericanos. Entonces, después del cancionista venezolano Ulises Hadjis (hizo todo solo, con una guitarra y loops), fue el turno de ella. Junto a Cata (percusionista sin palillos: usó siempre sus manos, ya sea para darle al cajón, al platillo o al redoblante) y Rafa (en segunda guitarra y leona, instrumento mexicano equivalente al bajo), formaron un trío esquelético: los huesos dibujados sobre sus pantalones y buzos negros son como las venas abiertas de su música, entre el folclore colombiano, la ranchera y un rock hormonalmente acústico.
Envuelta en una boa rosa que abarcaba también su guitarra plagada de stickers, peló su mejor voz para denunciar: “Los hombres no son el propósito de nuestra existencia” (Florence), o “El mundo está gobernado por energía masculina” (El fusil y la corbata) o “La vida no puede ser mercancía” (en Mamitas positivas, sobre el caso real de unos chicos que el ejército colombiano hizo pasar como guerrilleros para asesinarlos). En tanto, funcionó el concepto que Echeverri bautizó como “rock semilla”: en sus vestimentas hay de esas semillas que rellenan maracas, sonando todo el tiempo como un dulce ruido blanco.
Después de darle unos sorbos a su vasito plástico cargado de tinto, se despachó con temas de Aterciopelados, como para agitar el balanceo del público, para que dos chicas se besen, para ir redondeando su hora. Primero Ataque de risa (de su último disco, Río, 2008) y luego RompecabezasBaracunatana y El estuche junto a Kevin Johansen y Paulinho Moska (tocó ayer en el mismo festival). Se despidió prometiendo un poco más, lo que llegaría en el show de cierre. El anfitrión Johansen presentó Bi (2012) con su banda The Nada y los trazos en vivo de Liniers, e invitó a Andrea y Paulinho. Juntos cantaron una de cada uno: Lágrimas de diamante (de Moska), A eme O (del primer álbum solista de Echeverri) y Oh my love, my love (de Johansen, grabada originalmente con Andrea). También participó un algo embriagado Lisandro Aristimuño, que sumó su voz en Vecino y No voy a ser yo. Quizás sea una forma de unidad latinoamericana, como la que soñaron algunos de nuestros próceres, pero musical.
fuente:clarin.com Por Ezequiel Ruiz especial para clarín