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miércoles, 30 de noviembre de 2016

Tito Fargo, un orfebre de la música, regresa con el nuevo disco de Gran Martell Hace 12 años Tito Fargo se reunió con el baterista Jorge Araujo y el bajista Gustavo Jamardo y formaron el trío rockero Gran Martell con el que editaron varios álbumes muy elogiados. Con ellos actuará este viernes. Por Agustín Argento.

Tito Fargo tocó en Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, con Luca Prodan, hizo música durante 15 años en Europa, y produjo grupos que van desde No Te Va A Gustar y Ararat, donde toca, hasta la Orquesta Típica Fernández Fierro, en un camino que él mismo se forjó “con lo que tenía a mano”, presentara mañana "4", el nuevo disco de Gran Martell.

Hace 12 años Tito Fargo se reunió con el baterista Jorge Araujo y el bajista Gustavo Jamardo y formaron el trío rockero Gran Martell con el que editaron varios álbumes y muy elogiados y con ellos actuara mañana en Uniclub, ubicado en Guardia Vieja 3360. 

“Cuando estás en la música durante tantos años, hay cosas que quedan a un costado y se van guardando. Yo siempre fui de echar mano al reciclado”, explica el guitarrista del mítico disco "Oktubre” de los Redonditos de Ricota en una entrevista con Télam en un café de San Telmo.

Alto, espigado y con una larga y canosa cabellera, establece un reportaje más cercano al diálogo que a la entrevista, en la que repasó sus años junto a la música y cuenta sobre la enormidad de proyectos en la que está embarcado.

Entre ellos están las bandas de la que él forma parte: la rockera Gran Martell, con Jorge Araujo y Gustavo Jamargo, con la que está por sacar su quinto disco; la stoner Ararat, junto al ex Natas Sergio Chotsourian y Alfredo Felitte, y otro proyecto, sin nombre, “en formato pesado”, acompañado por Alejandro Taranto y Rolando Castello Junior, ex baterista de Aeroblus.

Pero su actividad no termina ahí, a comienzo de año le dio forma a su “solo-set” Dub Station, homónimo de su estudio de grabación en Olivos, en el que encontró un “formato canción” a piezas que tenía grabadas, que presentará en vivo junto a su guitarra y teclados, en una fecha que todavía está armando.

Télam: Llevás 30 años en la música y estuviste con los más reconocidos. Se puede decir que ya dejaste tu marca dentro de la música.
Tito Fargo: Creo que estoy haciendo cosas. Cuando me muera alguien lo dirá por mí. Mi idea es dejar música, vivencias con otros músicos o estados de ánimos personales plasmados en la música. Creo que ya llevo muchos años, pero no lo tomo como una marca. 

T: Vos siempre hablás de rescatar la esencia de las cosas. ¿Cuál crees que es la tuya?
TF: (Reflexiona unos segundos) Tengo mucho tiempo de análisis previo y de soledad absoluta antes de decidir el paso que voy a dar. Creo que mi esencia tiene que ver con cierta soledad en las decisiones, un autobalance antes de soltar. Y como estado, es el de siempre hacer, ir para adelante, porque el estado de vida es único y desperdiciarlo en mucho pensar y poco hacer no es parte de lo que quiero. Prefiero hacer y equivocarme.

T: En cierta forma, también hacés docencia con las charlas que das y tu trabajo de producción.
TF: (risas) Sí, aunque no es algo que me interese en particular. Los seminarios me facilitan tener códigos con algunos. He trabajado con bandas por una afinidad surgida de charlas, más que de lo musical. Quizá en eso sí hago docencia (risas).

T: En esto, ¿cómo te llevás con las nuevas tecnologías de grabación, como plug-ins, que facilitan los procesos, pero con una calidad inferior?
TF: Hay mucha gente que se maneja con midi y plugins, pero los profesionales, cuando graban, te aseguro que lo hacen con sintes y efectos reales. Yo me manejo con los elementos que tengo, que son los que conozco, y a los que le sigo sacando el jugo y si entrás con plug-in y con cosas ya pautadas no llegás. Por momentos, si conocés mucho todo te suena a lo mismo y hasta podés identificar que plug-in está usando. En cambio, con lo análogo no sabés cual puede ser el emisor, podés arrancar con una guitarra y terminar sonando a cualquier cosa. También es importante el contexto musical en el cual trabajar.

T: ¿Si una banda te cae con un plug-in al estudio?
TF: Respeto los sonidos y los instrumentos que usan los músicos para generar arte. Si se mueven bien con sus cosas, vamos con eso, pero si me dice que quiere un sonido original, intentamos encontrarlo con mis equipos y buscando. Si la banda suena bien y fluye, está bien.

T: ¿Eso influye al momento de trabajar con una banda?
TF: No. Para hacer algo, me tienen que seducir con sus ganas y objetivos en común. Desde lo profesional, tienen que tener cierto apoyo, como una sala, haber tocado mucho en vivo, tener una guita para entrar al estudio, estar equipados. Lo que más me seduce es que la banda tenga ganas de hacer cosas. Pero, igual, hay estilos que no me salen. No podría producir baladas o boleros sin mi impronta, lo cual podría destrozar el género (risas).

T: Las nuevas tecnologías también permiten que haya una oferta gigante de grupos.
TF: Hay una cantidad de información impresionante sobre música y bandas, pero contra lo que no se puede ir, porque no se puede destruir, es la sensación del vivo. Yo creo mucho en el músico cuando está tocando. Hablo de la capacidad de transmitir. Con internet, lo que sucede también es que todos tienen la misma capacidad para mostrarse, así sea un músico nuevo como uno con extensa trayectoria y ahí hay un desbalance. 

T: Con respecto a tu rol de productor, ¿cuán importante es saber de música para estar de ese lado de la consola?
TF: La producción en mí es algo que apareció ante la necesidad de crear mi propio espacio sonoro, que después pude extender a otras bandas, que desde afuera veía que tenían potencial. Está bien saber música, hasta para no usarlo, y te ayuda en la comunicación con otros músicos. A mí no me gusta leer, prefiero la experiencia y el compartir. Considero que un productor cierto conocimiento tiene que tener, sin la necesidad de ser un erudito. Para mí es muy importante la interpretación y el groove, y eso no lo vas a aprender leyendo. Eso se aprende tocando y estando con otros músicos.

T: Pero también tiene que saber de sonidos, efectos, etc., algo que a veces los intérpretes mucho no buscan.
TF: Eso tiene que ver con lo que la canción y el trabajo pide. A mí me gusta la producción musical porque lo abarco desde la estructura de las canciones hasta el concepto final del audio. Sobre todo hoy, en el 2016, cuando el rock está muy emparentado con un sonido. Es un género que arrancó en una época de desarrollo de sonido para lugares grandes y ese origen hay que respetarlo. fuente: telam.com.ar

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