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lunes, 28 de septiembre de 2015

NOVEDADES DISCOGRÁFICAS El combo Piraña homenajea al tango y el Bahiano regresa a pura música negra con "Celebremos" Desde el tango, el grupo Piraña revisa la tradición porteña de los años '30 y su poesía, mientras que el Bahiano, tras algunos años de silencio, editas su nuevo álbum "Celebremos" con una sabia recorrida por la música negra.

Una atmósfera porteña de los años '30 -que coexistió con otras- animada por la consolidación del melodismo gardeliano, la ardiente literatura de denuncia social y una visión del oficio artístico cargada de compromiso ético y estético es interpelada por el flamante grupo Piraña en su primer álbum, "Larvas (canciones para Castelnuovo), que prefiguran una verdadera novedad -musical, no mercantil- entre los títulos de 2015.

Novedad discográfica, acaso, porque se trata de la emergencia de un material alumbrado por artistas con probado y paciente recorrido en el arte sin especulación: la cantante Romina Grosso, que desde comienzos de los 2000 insinuaba nuevas formas de abordar la tradición de la canción porteña; el guitarrista y compositor Daniel Frascoli, integrante del cuarteto Cedrón y cultor de la canción criolla que, a su modo, se expresa en este proyecto con otros aires; y el escritor y periodista Pedro Fernández Mouján, enlace fundamental en un proyecto que tiene a la palabra en el centro de su trama.

Pero Piraña -que debe su nombre a un club barrial de Parque Patricios, una leyenda del fútbol amateur- también necesita del clarinete de Mauro Vignetta y el contrabajo de Pablo Ferrante para conseguir una sonoridad de épocas, ésta y aquella, delimitada en derredor de siete canciones inspiradas en siete cuentos del escritor uruguayo Elías Castelnuovo, fundador del grupo de Boedo que se proponía constituir a la clase trabajadora como el sujeto lector de sus textos (y de la historia).

En “Larvas” (1931), Castelnuovo recrea la infancia violentada de un grupo de chicos del Reformatorio de Niños Abandonados y Delincuentes de Olivera, provincia de Buenos Aires, donde el escritor fue maestro en la década del 20. Historias sencillas, ásperas, asumen la forma de canciones, maceradas por el melodismo aportado por Frascoli, y las letras -a veces fieles, a veces distantes- de los textos de Castelnuovo trabajados por Fernández Mouján. En medio de ese entretejido, dos letras de la propia Grosso, que reinventa aquí su linaje como compositora al servicio de un proyecto colectivo.

El ensamble, las letras, las historias enlazadas se suceden a partir de la centralidad vocal de Grosso en este proyecto y, en ese sentido, donde cada elemento aparece ordenado desde esa referencia rectora, el canto -vale afirmar- lleva un registro magaldiano.

El resultado general: un sonido de este tiempo, que afirma sin embargo el pensamiento libertario que subyace a aquellos escritos de los '30. Sin sobreactuación del ejercicio de la nostalgia, como se advierte en tantos grupos. Sin perder tampoco la crudeza de aquel grito del arte-denuncia.

La tradición de la canción porteña se conciliaba con el espíritu literario de Castelnuovo. “Silencio no grites, no llores no implores/el mundo es barato, saldo u ocasión/son cuatro estallidos de plomo la vida/es el arrebato el color del adiós” nos canta “Piraña” en “Caruncho”, en la apertura del disco. Un señalamiento al capitalismo despiadado que ya retumbaba en el repertorio del tango
Enrique Santos Discépolo, consagrado justamente por Carlos Gardel y asociado a algunos movimientos estéticos que luego derivaron en el grupo de Boedo, ya había enhebrado hacia el '30 una modalidad impar de la canción de denuncia social con “Yira Yira” (1929) pero, sobre todo, con “Quevachaché” (1926). Un reflejo de una crisis del capital que aparecerá también en la ranchera “¿Donde hay un mango?” (Francisco Canaro e Ivo Pelay) e incluso alcanza a contaminar otras orillas del arte con “Al mundo le falta un tornillo” (Enrique Cadícamo), ambas de 1933. Todo aquel movimiento aparece -implícito- en el gesto artístico de Piraña.
El registro en estudio de este disco inaugural (que cuenta con invitados como Juan “Tata” Cedrón, Marcelo Barberis, Miguel Praino, Federico Siciliano y Emiliano Faryna) aspira a remedar -en lo posible- la experiencia del vivo, que es lo que reclama “Larvas (canciones para Castelnuovo): la escucha atenta, integral y en tiempo real. Para eso habrá oportunidad el 5 de noviembre a las 21 en el Teatro El Popular (Chile 2080), donde “Piraña” se presentará en sociedad, ya con el disco en la mano.

Luego de un silencio de cuatro años, el ex vocalista de los Pericos emerge con un disco nuevo en el que el reggae es solo un aditamento ya que el vocalista decidió revisar todo la paleta de colores de la música negras desde el funky, el soul, el hip hop, el R&B y hasta el blues acústico.

Y para armar este trabajo, Bahiano decidió rodearse de una familia, que se sumo a la suya y es la familia Monty, la del veterano cantante y compositor Jaco Monti, de la mano de sus hijos Facundo y Jonhy.

Para cambiar radicalmente con todo lo anterior, Bahiano abre con “Celebramos” un funky muy power con una base con un groove increíble y unos coros notables de mano de Ayelen Zucker y Luciana Palacios, además de unos bronces. El sonido lo emparenta con el funk de los Kuryaki, pero también con Kool and the Gang.

Lo sigue la bonita “Solo necesitas amor” que tiene cierta cadencia de reggae pero se emparenta más con ese rock playero que cultivan Jack Johnson y el brasileño Armandinho. Una dulce melodía para una tarde de calma junto al mar.

“Bonita” recupera el groove funky con una puja entre la batería y las programaciones, otra interesante participación de los coros femeninos que se hacen cargo de los falsetes. Mientras Facundo Monty acompaña al Bahiano como co-compositor en casi todos los temas, toca la guitarra y su hermano Jonhy sostiene el groove desde su bajo.

“Lagrimas” es un pedido de disculpas bien rítmico a mitad de camino entre el reggae y el funky, con una interesante participación de las maquinas. La sigue un clásico del repertorio de Jaco Monti “Lo que te queda” de 1967 en una trama reggae, con un interesante arreglo de la trompeta con sordina, una cadencia más lenta. El Bahiano apela a toda su experiencia para conducir esta canción por todo el camino acompañado por los coros y los bronces.

“Tengo ganas”, donde el Bahiano habla de las ganas de comprarse ropa nueva y tirar su ropa vieja, lo muestra justamente haciendo un funky con programaciones, con elementos del R&B, juguetón, caliente y nocturno. La línea del reggae más dulzón y bien veraniego sigue de la mano de “Quiero que me quieras”, con la voz bien clara potente, abriendo colores y climas diferentes.

El R&B con cierta base suave hip hopera emerge en la bien urbana “Maravilloso destino”, donde el Bahiano cuenta la historia de un Romeo villero y honesta y una Julieta de colegio privado y country, con lindos arreglos de un piano Rodhes. De su búsqueda dentro del folclore y cancionero latinoamericano aparece el cubano Carlos Varela con “Una Palabra”. Una canción que el Bahiano escucho en la película “Hombre en llamas”.

Bahiano la canta bien folclórica, cadenciosa, con la percusión tomando el frente dándole una fusión entre el folclore latinoamericano, el pop, el rock y el reggae, muy bien trabajado. Los Coros de Ayelen Zucker y Luciana Palacios embellecen otra vez la canción. En la recorrida con su programa “MP3” Bahiano conoció al punk playero brasileño Marcio Mello, que escribe para varios artistas importantes de su país, y tomo la canción “Una tonelada de amor” y la convirtió en un reggae mimoso. El disco se cierra con una bossa nova a solas con una guitarra, la percusión y un trombón arreglando la canción y dándole un aire intimista al fin del álbum.

BRANDON FLOWERS, “THE DESIRED EFFECT”

The "Desired Effect", el nuevo disco del vocalista de The Killers, Brandon Flowers presenta un clásico pop radial, estilizado con un sampleado del clásico "Smalltown Boy" de los Bronski Beat.

Ese tema hubiera pasado por alto, de no ser que Flowers lo utilizó no sólo como corte difusión del álbum, sino que hasta lo reversionó con Lady Gaga, video incluido.

El frontman de The Killers, con "The Desired Effect", se mete de lleno en una carrera intermedia de lo que sería Robbie Williams y Pharrel Williams.

Sin abocarse de lleno a ser una estrella pop, "Still Want You", "Between You and Me" (el talentoso Bruce Hornsby en teclados y el reconocido Tony Levin en bajo) y "Never Get You Rigth" no pasan de generar cierto clima radial ochentoso, gracias a las buenas producciones en las voces y las sutiles percusiones que acompañan a los teclados

"Digging up the Heart", una canción que bien podría ser de Bruce Springsteen, deja la impresión de que si se hubiera animado más al rock, tal vez, el "The Desired Effect" hubiese tenido una dirección un poco más clara, ya que se muestra un tanto inconducente.

El zigzagueo musical continúa con un rock and roll épico al estilo Queen en "Untangled Love", con una voz que suena muy Freddy Mercury (uno de los logros de Flowers), y cierra con "Lonely Town", una clásica balada ochentosa que se asemeja a la etapa rockera de Dylan, con un órgano Hammond que oscila, gratamente, todo el tiempo.

Además de Honsby y Levin, Flowers contó con la participación del guitarrista Carlos Alomar (David Bowie, Paul McCartney e Iggy Pop y productor de Soda Stereo) y Ariel Rechstshaid en la producción, quien anteriormente trabajó con Madonna, Beyoncé y Kylie Minogue, entre varias figuras del pop.

EASY BABIES, "TIPOS RAROS"

Este segundo disco del combo de blues Easy Babies se compone por una decena de canciones cantadas en español, entre las que se encuentran nueve composiciones propias y una interesante interpretación de un clásico de Manal, "No pibe".

Los Easy Babies forman parte de la movida “Blues en Movimiento” que ha renovado el genero dentro de la Argentina, y que incluye a varios artistas como los Tamesis, Florencia Andrada y muchos jóvenes valores.


Sucesor del álbum debut "El blues pega mal", que el cuarteto lanzó en 2010, "Tipos Raros" recorre un puñado de letras que, enmarcado en el género del blues y sus variantes, refleja con sagacidad y cuotas de ironía la realidad.

La banda liderada por el bajista y vocalista Mauro Diana decide comenzar "Tipos Raros" con la canción que le imprime el nombre. Allí, la guitarra puntea el inicio de la historia de alguien que se rehúsa a aceptar las atracciones del nuevo y volátil sistema que rige y controla el mundo.

Entre líneas, hay una desesperada intención de despabilar a la sociedad. Diana canta: "Si me endeudo con la tarjeta a 200 mil años o me compro el último iPhone que hasta lava los platos o publico en el twitter cada vez que voy para el baño... No me digan que eso es normal, no me digan que yo soy el raro".

Otra de las canciones del cuarteto, que se integra por Homero Tolosa en batería y Federico Verteramo y Roberto Pirzio en guitarras, es "La decisión". Con la participación de Dai Antonini en acordeón, Yair Lerner en trompeta y Mauro Chiappari en saxo, los músicos se reúnen para contextualizar musicalmente el momento cúlmine de la relación de dos amantes.

La armónica comandada por Adrián Jiménez da paso al tercer blues del flamante disco de Easy Babies, "Se derrumbaron", en el que, con la compañía de Nicolás Rafetta en piano, los músicos anuncian otro final, el que decanta sólo con el tiempo y del que "las cicatrices no dolerán".

Entre otras atracciones del álbum, el cuarteto incluye -con firma personal- una interesante versión de "No pibe", de Manal, a la que condimentan con su cálida impronta Easybabiana, y "Loquillo Stomp", un boogie-woogie instrumental que invita a mover los pies.

Con diseño y fotos de Ornella Capone, y una portada alternativa para quienes hayan colaborado con el proyecto de financiación, "Tipos Raros", otra apuesta a la producción independiente por parte de Easy Babies, fue grabado en el estudio de La Escuela de Blues y en el Estudio Moma, y co-producido por Gabriel Cabiaglia. fuente: telam.com.ar

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