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sábado, 15 de agosto de 2015

"Ergün Demir": “No me puedo aburrir de firmar autógrafos” Instaladísimo en Buenos Aires, el actor recuerda su infancia de necesidades, y explica por qué está feliz y quiere quedarse en Argentina.

Ergün no anda perdido como turco en la neblina, todo lo contrario, anda contento como turco en la Argentina. Tiene 45 años, nació en Turquía y se crió en Francia. Su papel de Ali Kemal en Las mil y una noches le abrió la pista de ‘Bailando 2015’ (ShowMatch), y descubrió en nuestro país un lugar soñado. “El pueblo argentino me recibió muy bien, debería estar extrañando el cariño de mi familia, pero acá recibo demasiado en compensación. ¿Puede llenar alguien el espacio de mis padres? Claro que no. Pero no vine a trabajar en una mina, estoy haciendo algo vinculado al arte, como todo artista del mundo. Estoy feliz”, arranca.
¿Qué dejó detrás? ¿Qué extraña?Mi mamá, mi papá, mis hermanos, mis parientes y la mujer que amo. Y mi país, estoy muy conectado con mi país. Me pongo esta bufanda porque quiero mostrar cuánto quiero a la Argentina, no es demagogia, es de corazón. Ninguna persona se queda a 20 mil kilómetros de su casa si no es feliz. 
¿Le gustaría quedarse en la Argentina por mucho tiempo más?En principio vine por dos meses, después alargamos el contrato, eso significa que la gente está contenta conmigo. Quiero hacer cine, teatro, y si tengo espacio entre los proyectos me gustaría ir a visitar a mi familia y volver. Acá estoy feliz. 
¿Cómo fue su infancia en Turquía?Mi mayor ventaja es que desde los tres años tengo la educación de cómo ser nómade e inmigrante en este mundo. A esa edad me fui de Turquía, me despegué de mi patria para irme a Francia porque mi papá se iba. Sé lo que es extrañar tu país. Aún recuerdo la noche anterior a aquella mudanza. En nuestro pueblo no había electricidad ni agua, el techo era de chapa y esa noche llovió mucho. Toda la noche la gente llorando. No había televisión, ni radio. Francia era otro planeta para nosotros. Todo el pueblo se reunió y mi tía me llevó a upa desde la cima de la montaña, donde estaba el pueblo, hasta el valle por un camino de barro. Ahí nos subimos a un micro e hicimos mil kilómetros en dos días hasta llegar a Estambul, y de ahí volamos a Francia. Si me preguntás qué hice ayer, quizás no lo recuerde, pero ese momento no lo puedo olvidar. 
¿Por qué debieron mudarse?Mi papá era maestro. La situación económica hizo que tuviera que renunciar. En Francia trabajó como obrero reconstruyendo puentes. Después de la Segunda Guerra Mundial, Charles De Gaulle recurrió a las manos de los obreros llegados de las ex colonias de Africa, entre ellos mi padre. La casa a la que llegamos estaba en ruinas, había ratas, mucho frío. Recién después de dos años tuvimos calefacción. Saltamos de alegría cuando trajeron esa estufa. Francia estaba toda en construcción, había grúas por todos lados. Eramos mis padres, mis cuatro hermanos y yo, que soy el segundo.
¿Cómo fue crecer en París?No era París, era un pueblo al costado del camino, a 100 kilómetros de París. Como un pueblo fantasma en medio de la ruta, con seis o siete casas. Dos años después nos mudamos a un pueblo, ahí fue donde conocimos la calefacción. 
¿Cuándo llega la actuación?En el colegio. En mi casa éramos muy infelices, éramos pobres. Yo me paraba en la mesa y me ponía a bailar para hacer reír a mi familia. ¿Qué hacés para olvidarte del dolor? Encontrás el antídoto. Para mí es la risa. Cuando tenía 10 años hice de El Principito, sin saber lo que era la actuación. Y si algún día llegara ganar un Oscar, yo ya tuve mi regalo más lindo cuando el profesor me dijo que yo era actor desde el vientre de mi madre. Cuando lloraba o estaba enojado, o cuando me caía jugando al fútbol, todos me decían “levantate, actor, que acá no hay cámaras”. Así fue que me lo empecé a creer. 
¿Cómo se siente ser considerado un seductor? ¿Alimenta o incomoda?Nuestro pasado condiciona nuestro futuro, y tendemos a equilibrar esa balanza. Como sufrí mucho de niño, corrí como loco hacia la felicidad. Hoy no me puedo aburrir de firmar autógrafos o sacarme fotos. Hay un dicho turco que advierte: si clavás un clavo en un árbol y lo sacás, el agujero siempre quedará ahí. Hay quien es feliz recibiendo, yo soy feliz dando. Siempre que puedo ayudar, lo hago. Es prioridad, como cuando fui a la marcha de “Ni una menos”. Soy una persona creyente. Nosotros tenemos una danza llamada “mevlana”: una mano mira al cielo y otra al suelo, de donde venimos y hacia donde vamos, y giramos hasta llegar a un trance. Recibimos de Dios y entregamos, porque algún día seremos tierra. 
¿Qué le gustaría hacer aquí?Si me quedo en la Argentina me gustaría hacer una película que sea nominada a los Oscar, pero antes pediría la nacionalidad para que el premio sea para la Argentina. Tiene que ser de calidad, un personaje esquizofrénico, un loco. Está el proyecto de hacer teatro, porque ante todo soy actor de teatro. El personaje que más me gustó hacer en Turquía fue Marcel, un homosexual. Yo era homofóbico hasta los 25 años, y gracias al teatro logré abrirme de mis propios prejuicios. 
¿Qué diferencias nota entre la sociedad en Turquía y en la Argentina?En Turquía la sociedad está compuesta por clanes. Un hijo puede dar un paso en falso, y el padre será el responsable. En Francia y la cultura occidental, el ego y el individualismo dominan el mundo: “Vivir el momento para mí”. La base es la religión, en el catolicismo existe la confesión, pero hoy los psicoanalistas ocupan el lugar de los curas. Yo no quiero una sociedad que no respete la familia. Si no sabés qué hace tu hijo, puede caer en cualquier cosa. La libertad es muy importante, pero la unión familiar también. Argentina es un país de inmigrantes. Yo soy musulmán. Hace poco fui al Centro Islámico, y un tipo, musulmán, agarró el micrófono y dijo: “Nosotros, los argentinos”. Habló de compartir, de la familia. Esta cultura asimila al que viene de afuera y me gusta mucho este equilibrio. 
Con la intérprete, no pasa nada.

La revista Paparazzi publicó en tapa “La extraña relación amorosa que los une”, vinculando sentimentalmente al actor con Jazmín, su traductora. Ergün, enojadísimo, salió con los tapones de punta en Este es el show. “Estoy enojado con la revista, porque no me gustan las mentiras. Si tuviera una relación con Jazmín no la ocultaríamos, saldríamos juntos de la mano, nos daríamos besos. Pero no es así”, aseguró el actor, y sugirió: “Si publicaron esta tapa y a alguien se la van a vender, que donen las ganancias de las ventas a los afectados por la inundación”. La novia del actor vive en Estambul, y según dice, confía en él. Jazmín, por las dudas, agregó lo suyo: “No tenemos ningún tipo de relación sentimental, no podría tener un romance con alguien a quien debo ver todo el día. Compartimos todo, menos la cama. Hablo mucho con su novia, nos mandamos mensajes. Es muy linda y una gran persona”. Por Pedro Irigoyen Fuente: clarin.com

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