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miércoles, 25 de marzo de 2015

Una nueva voz que emociona desde la simpleza Alin Demirdjian .La joven argentina de origen armenio Alin Demirdjian presenta en Café Vinilo las canciones de su disco "Buscando el ámbar", con el que busca asentarse en el panorama del folk y del pop de Buenos Aires.

Una luz amarilla flota sobre la guitarra criolla. Alin Demirdjian, una chica bajita, de espesos rulos rubios y anteojos de marco violeta, sonríe conectando con el alrededor. Hay -distingue- una vieja puerta de madera que da al patio con un árbol y luego un pasillo directo a la sala de Café Vinilo, en Gorriti 3780, que ella llenará con sus propias canciones. Será la presentación de Buscando el ámbar, su primer disco. Son doce obras en castellano y una en armenio que conjugan, en Alin Demirdjian, sus múltiples influencias como artista de Buenos Aires, enamorada del folk norteamericano tanto como del rock y las huellas folclóricas locales. Y con el plus musical de su país de descendencia al que viajó varias veces -y volverá- para reencontrarse consigo misma.
Alin tiene 25 años. La diversidad sonora que conjuga en su voz -vibrante y sutil- así como en la guitarra acústica que le regaló su padre, fallecido hace poco más de un año, se plasmó en Buscando el ámbar cuando regresó de su tercer viaje al país de sus antepasados, en el invierno de 2014. Esa identidad define su cotidianeidad: ella es docente de idioma y música armenia. "Cuando regresé ya tenía un montón de canciones compuestas, pero durante un largo tiempo dejé de lado la idea del disco: había fallecido mi viejo y no me sentía del todo segura. '¿Para qué estoy cantando?', pensaba yo. Pero justo antes de viajar toqué en San Fernando y volví a sentir esa conexión con el público. Me fui, y cuando regresé ya tenía clara mi meta: grabar Buscando el ámbar".
Lo hizo entre agosto y setiembre del año pasado, con producción del dúctil guitarrista Daniel Patanchón (quien toca además con Peteco Carabajal). Y en poco tiempo, las canciones de Alin, intensas y de aparente inocencia, la hicieron resonar con fluidez en el panorama de los cancionistas independientes menos ensimismados de hoy. El brillo melódico de Alin (entre el blues, el rock-pop y hasta el country, pero sin diluir su origen guitarrero) es su marca y crece aún más al captarla en vivo. "Este miércoles (por hoy) vamos a presentar el álbum; habrá un intervalo y luego una parte acústica, con más canciones y otras que no entraron en el disco. Estoy nerviosa, ansiosa y muy contenta."
Así como en el disco, en Vinilo la acompañarán, junto a Patanchón en dirección, guitarras y charango, Juan Atienzo en más guitarras, Mariano Risso en batería, Agustín y Leandro Marquesano en bajo y piano, respectivamente, Agostina Bruno en coros y Anoush Gostanian en voz. Además de varios de los invitados del disco: Lolo Micucci en piano y hammond (para Blues del caos y Breve historia de una mañana de sol); Daniel Inger en el acordeón (para Canción de acá); Dani Ferretti y su Weissenborn, esa guitarra hawaiana en Verchapes("Finalmente"), la canción en armenio. Una honda conjunción de tradición y folk para el siglo XXI. Con ella, la voz de Alin se eleva (en frases de amor y lejanía) junto a la de Talín Leylek, su colega en el dúo Alin & Talín, de canciones infantiles armenias. Talín y el cantautor del palo folclórico Hernán Bolletta sumarán sus voces en Vinilo para el tema Padre, casa y madre, otra de esas melodías de Alin tan sencillas de silbar, pero nunca de olvidar.
"Porque no hay verdades ni destino, sólo hay cruces de caminos", suspira ella, afinadísima, en la canción que abre Buscando el Ámbar. "Mi disco muestra algunas preguntas existenciales típicas de la juventud, y vivencias más íntimas y personales. Cuando canto en vivo, el público conecta primero con la voz y eso hace que escuche las letras. Luego se emociona, se ríe e incluso llora. Eso ocurre porque son canciones simples. No cuesta que se las entienda. Eso es lo que yo busco con la música."
¿Cuántas tradiciones pueden girar en una voz? ¿A qué territorios regresan las melodías? Ya desde el título del disco, Alín captó un matiz para reconocerse. "Desde que me planteé grabar, supe que iba a ser difícil elegir las canciones. Pero siempre tuve conmigo el sentido del ámbar. De hecho, tengo una canción vieja que se llama Dulce ámbar. Desde que entendí el significado de esa palabra, representa algo muy profundo para mí."
Buscando el ámbar: Alin alude a ese mineral de tonalidad entre amarilla y anaranjada, con leve transparencia, pero hay más acepciones. Ciertos pueblos antiguos dilucidaron, en el ámbar, la misma energía del sol o una metáfora del sentido de las cosas. "Para mí el ámbar es ir en busca de la vida: representa lo luminoso, lo que es propio del amor. ¿Qué somos los seres humanos sino ese afán constante?". "Porque una vez leí que tenemos esperanza. Porque somos seres inconclusos que siguen buscando amor, en cualquier rincón", corrobora cantando en su Breve historia de una mañana de sol.
Una leve coda: cabría otra nota contar otra pequeña historia dentro del universo de Alin Demirdjian, de cuando el español Ismael Serrano la seleccionó (a la par de otros artistas) como corista de su tema La llamada, para su nuevo disco. En octubre, Serrano la invitó a Alin a cantar en un showcase en Buenos Aires. "Fue una experiencia increíble. Ismael es una persona muy generosa y sin poses. Él también me marcó mucho cuando elegí este camino de cantautora."

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