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jueves, 26 de marzo de 2015

El Colón homenajeó a la música popular Los Elegidos & Las Elegidas.Una docena de duetos formados por parte de lo más relevante del mapa de la música popular recrearon clásicos del cancionero argentino en formato sinfónico.

Un colmado Teatro Colón se puso de pie junto a 24 de los artistas más importantes de la música popular argentina para entonar el Himno Nacional. Fue el epílogo de Los Elegidos & Las Elegidas, el concierto que se llevó a cabo el lunes (fueron dos funciones) y que quedará en la memoria emotiva de muchos.
La melancolía inundaba la sala a medida que entraban los duetos. Primero Marilina Ross y Guillermo Fernández, para Honrar la vida; María Graña salió del brazo de Raúl Lavié y recibió la primera ovación, tras un sentido e impecable Naranjo en Flor; costó oír al Chaqueño Palavecino (llevó a su bombisto) junto a Marcela Morelo para una versión de Amor salvaje -él agradeció al público, ella a todos, disfrutando cada segundo de un momento eterno; Chico Novarro abrió los brazos al cielo y admiró a su partenaire, una vigente María Martha Serra Lima, durante Algo contigo. Postales de lo que para varios, aunque ya parte del imaginario popular nacional, fue su debut en el emblemático escenario de Buenos Aires.
Igual que para buena parte del público, que en el hall de entrada registraba con sus celulares las cúpulas de vitreaux y cada detalle del foyer. Personas mayores, en su mayoría, también familias y algunos jóvenes coparon la mítica sala que retumbó con vitoreos a Roberto Piazza en la previa, a 'la princesita' Karina y a Valeria Lynch, durante, y una cerrada ovación final. Un Colón farandulero.
Dirigida por el maestro Gerardo Gardelin, la Orquesta Sinfónica de Buenos Aires -brilló el bandoneón de Pablo Mainetti y los arreglos del propio director y Edgar Ferrer- ejecutó versiones sinfónicas del cancionero clásico (desde el El día que me quieras y Soy el chamamé hasta Seminare). En ese marco, concebido a la medida de timbres más caudalosos de sopranos, barítonos y tenores, el volumen sinfónico le ganó a algunas voces con poco aliento. Aunque en breves pasajes. Sorprendió, en todo caso, ver al director de orquesta detrás de los cantantes, privando a los cantantes de las marcaciones para el ingreso de las voces. El Coro Polifónico Argentino se lució como apoyo vocal y anímico de algunas parejas.
"Si canta ella, canto yo", murmuró una mujer en el palco bajo, después de que Karina entonara Yo vengo a ofrecer mi corazón a dúo con Jorge Rojas. La más observada por el "fundamentalismo colonial" no desentonó en su estreno, se llevó un gran aplauso y la reivindicación de una soprano que en el mismo palco recogió el guante del comentario antes mencionado. "Es una gran intérprete", la elogió.
Pasaron duetos más sueltos en cuerpo que animaron la tribuna: Celeste Carballo y Palito Ortega, sinatresco pero al fin opacado por la orquesta y los agudos de su pareja; Fabiana Cantilo y David Lebón, con su inseparable guitarra, cumplieron; Alejandro Lerner y Sandra Mihanovich potenciaron Mil veces lloro a dos voces.
Enfundada en un polémico vestido rojo de dama colonial, Patricia Sosa miraba a su alrededor, incrédula. Baglietto dejaba la vida para equipararla y sobreponerse a la orquesta: el dueto arrancó la segunda ovación de pie con Si bastaran un par de canciones. Jairo y la soprano Virginia Tola hicieron el aporte lírico con el Ave María. Y Valeria Lynch y el tenor Darío Volonté cerraron los duetos con la heroica Cada día más.
Antes del final, hubo tiempo para recordar a Cacho Castaña (¿y Astor Piazzolla?) y su Café la humedad, y las doce mujeres cantaron juntasGracias a la vida, en una gala que se erigió como homenaje -tardío para algunos, tempranero para otros- y extendió el debate sobre el espacio para lo popular en el Colón. fuente. clarin.com

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