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martes, 2 de diciembre de 2014

"Fito Páez": Rock and Roll Revolution y el tributo a Charly, su maestro Hablar de la historia de la relación Páez-García es internarse en una valiosa experiencia entre un alumno ejemplar y un maestro genial y caótico. El último disco del rosarino es un homenaje y un reconocimiento para alguien que, como bien dice Fito " existe dentro de todas las canciones".

Los músicos solemos atesorar melodías, temas, arreglos, discos que nos marcaron la vida. Faros estéticos que nos indicaron el camino correcto y que iluminaron nuestra trayectoria como fiscales artísticos. Todos los músicos cuando estamos en la intimidad solemos hablar de nuestros ídolos.  Estas confesiones nos desnudan. Nos muestran pequeños en comparación con la enorme influencia de nuestros ídolos.

A medida que los artistas construyen un nombre y una trayectoria suelen blindarse. La construcción del artista alimenta el ego y despega a la eminencia del resto de los comunes mortales. Aquellos artistas que se dedican demasiado tiempo a mencionar las virtudes de sus colegas parecen perder potencia como estrellas de firmamento musical.

En pocas palabras, es difícil encontrar a alguien que prefiera hablar bien de los demás antes que de sus propias genialidades.

Fito Páez es uno de esos extraños casos. Jamás ha escatimado elogios a los colegas que él considera valiosos. Habla de Litto Nebbia, Spinetta o Charly con enorme respeto y admiración. Por momentos suena extraño escuchar los elogios salidos de su boca, ya que Fito Páez es también un enorme artista.

Ha grabado mas de 30 discos, algunos de ellos galardonados con triples y cuádruples discos de platino. También ha ganado diversos premios Grammys, Gardel o Konex. Ha llenado estadios en toda Latinoamérica y sus composiciones han sido versionadas por artistas de la talla de Mercedes Sosa o Caetano Veloso, entre otros.

Su ultimo disco “Rock and Roll Revolution“ está dedicado a Charly García. Desde la portada (una foto que muestra a Charly con su delgado torso desnudo) podemos entender el mensaje de este disco.

A primera vista produce extrañeza ver la foto de Charly con las palabras “Fito Páez” al lado, pero a la vez, es lógico también entenderlo así.

Hace pocos días tuve el enorme privilegio de hacerle una entrevista pública en el auditorio de Radio Nacional. No es sencillo conseguir una charla pública con él. Su relación con la prensa ha estado plagada de malentendidos. Sus declaraciones suelen ser tergiversadas, sus relaciones sentimentales suelen ser motivo de guardias periodísticas y comentarios burlones de panelistas y conductores de televisión. Naturalmente, y como mecanismo de defensa Fito (lejos de salir a polemizar con cada uno ) ha decidido recluirse en su música y brindar pocas notas. En este caso fue a Nacional Rock y a mi programa en particular.

Según contó Fito, a principios de los ochenta, mientras desembarcaban de Rosario con la banda de Juan Carlos Baglieto, recibió la visita de Charly y Andrés Calamaro en el camarín. “-estaban impecables, bien lookeados, medio colocaditos, simpáticos, chistosos". Fue en ese encuentro donde Charly -recién llegado de Estados Unidos donde había grabado “Clics Modernos”- le dijo si tenía ganas de tocar en su banda.

Así fue como comenzó a ensayar con Charly y su banda. En mitad de los ensayos el mismo Charly solía acercarse a Fito para darle algunos consejos “En general me sacaba varios dedos de los acordes, yo hacia los acordes muy rellenos y él me los simplificaba”.

Por aquellos días, la escena musical argentina se había revolucionado con el lanzamiento de “Clics Modernos“, un disco que revelaba un concepto absolutamente novedoso. Los mas cínicos decían que “le había copiado todo a Prince”. La realidad es que Charly sintetizó la “locura-melanco” de los argentinos con la modernidad sónica de New York. Sonaban por primera vez sampleos (el grito de James Brown en “Estoy verde” “) también abundaban las baterías sintéticas de bombo y tambor, sin platillos ni ostentosos redobles. El ingeniero Joe Blaney , que había grabado con Prince y The Clash entre otros, se había encargado de redondear un sonido impactante. Sonaba fuerte y limpio, contundente y sintético.

Fito dice que es época fue como haber asistido a una universidad de música donde aprendió cosas que jamás olvidaría.

“Vivimos tiempos donde Charly no parece sacar canciones nuevas”, le digo. “Precisamente, por eso existe este disco –su disco-. Charly existe dentro de todas las canciones, incluso en el estudio de grabación solíamos invocar a su espíritu para tomar decisiones de cómo grabar un bajo o un teclado”.

Las canciones surgieron catárticamente en interminables sesiones de grabación, que paradójicamente duraron un puñado de días. “El disco se grabó en dos semanas y se mezcló en Estados Unidos en otras dos semanas”, me dice. Para la etapa de grabación Fito recurrió a los músicos de su banda estable, y para las mezclas en New York al gurú Joe Blanney (el mismo de Clics Modernos).

Al regresar con el disco mezclado en mayo, citó en el estudio a Charly y un puñado de amigos (entre los cuales me incluyo). Allí pudimos escucharlo y de paso relojear las expresiones de la cara de Charly. Al finalizar el último tema se fundieron en un emotivo abrazo. Como en los viejos tiempos el alumno y el maestro volvían a hablar de lo mismo. fuente: telam.com.ar

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